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Sábado 21/09

Laura Azcurra: "La cocina es el octavo arte para mí"

Es inquieta y curiosa, se anima a los desafíos y a la búsqueda constante. Este mes está a full: acaba de debutar como conductora en un programa diario, estrena una película y hará un unipersonal del cual es la autora. Charla con una chica que disfruta de todo lo que hace.

 
Foto: Paula Salischiker

Por Verónica Rubí

Laura es quien fija el día, la hora y el lugar. Y todo ya habla de ella antes de empezar. Viernes: el día más relajado de la semana, una jornada que predispone al disfrute. 12.15: ni puntual ni número redondo, tarde para desayuno, temprano para almuerzo pero una buena hora para estar despierta y dispuesta a la charla. Decata: un bar en el límite de Palermo y Colegiales, cuando Palermo ya deja de ser fashion y moderno para empezar a delinear casas bajas y familiares, con una terraza tentadora que invita a desparramarse en sillones y salpicarse de sol. Todo eso dice Laura sin siquiera aún haber llegado. Y cuando llega, no para de hablar. Está por estrenar una obra de teatro que la entusiasma; tiene un hijo de 6 años que no deja de ponerle la vida frente a sus ojos; una pareja brasileña que la tiene loca de amor; un gusto por la cocina y el arte que despiertan su curiosidad; un plan de mudanza que la obligará a despojarse de muchas cosas materiales; un duelo reciente por la muerte de su padre, y un plan a largo plazo de madurar en plenitud que piensa respetar a rajatabla.

Hiciste una obra de teatro sobre le puerperio y ahora te involucrás con la etapa de la menopausia. Además te animás a escribir y a actuar sola por primera vez, ¿cómo vivís este momento?

Maduritud se llama la obra que estreno este mes y es un experimento hermoso. Me convocaron de la marca Poise para crear juntos una obra que hable concretamente del climaterio y la menopausia. Un tema lejano en mi vida porque tengo 32 años, pero que me ha tocado de cerca por otras mujeres, empezando por mi madre. Así que todo en este proyecto es un desafío: investigar y hablar en primera persona de algo que me es ajeno, desarrollarme en esta nueva faceta de escritora y pararme sola en el escenario. A través de esta obra empiezo a entender a las mujeres, primeramente en sus cambios biológicos y también en un aspecto emocional porque la menopausia te enfrenta a un balance sobre toda tu vida, y cómo esta máquina perfecta diseñada para dar vida no va a tener un cambio biológico en el momento en el que se desarticula su principal funcionamiento, cómo no entender que hay un movidón de hormonas, energía, emociones, cambios corporales…

¿Cómo se puede a los 32 hablar de lo que pasa a los 50?

En la obra hago una búsqueda y fantaseo con cómo seré yo a esa edad. Con ese argumento fui creando a muchas mujeres en situaciones diferentes. El tiempo pasa para todos, pero sabemos que para las mujeres siempre es más difícil. Hay cierto prejuicio frente a este cambio femenino, no podemos tener canas, no podemos estar con hombres más jóvenes… De a poco me fui adentrando en lo que va a ser mi propia vida dentro de veinte o treinta años y es un acercamiento muy interesante porque me sirve para pensar cómo quiero vivir mi climaterio, cómo me imagino en mi propia madurez. Hoy muchas mujeres sienten que entre los 50 y 60 años están en la mejor etapa de sus vidas porque saben dicernir más claramente qué quieren –¡lo cual me produce una profunda envidia porque yo a mi edad aún me lo sigo preguntando!–, tienen su familia muy armada, se dedicaron a ella, ya cumplieron y, si bien esa etapa terminó, ahora empieza otra en la que están aún vitales para disfrutar y hacer aquello que no se pudo antes. Es el momento de mirarnos a nosotras mismas. El concepto de maduritud para mí es la mezcla de sabiduria y experiencia con la picardía y curiosidad de la juventud para todavía probar, intentar, conocer. Cuando empecé a trabajar el tema me propuse ser la vocera de tantas situaciones femeninas de las que no se habla. Algo similar pasó con la obra Postparto, que también tenía una temática sumamente femenina sobre lo que nadie te cuenta. La maternidad tiene muy buen marketing, pero lo concreto, lo cotidiano, lo que pasa todos los días en casa es muy diferente a la publicidad. Como actriz me encanta encarar personajes de ficción y también meterme en el barro de estos temas, hablar con la verdad y humanizarnos. Soy de esas personas que se alejan de los lugares cómodos, de lo conocido, no me gusta estar achanchada, mi esencia es curiosa y voy detrás de lo que me genera adrenalina.

Hace unos años hiciste un programa de viajes y bebidas, seguramente eso también estuvo vinculado con tu curiosidad y adrenalina. ¿Cuánto aprendiste del arte de beber? Fue un trabajo que apareció, que estaba pensado para un hombre (como siempre…) y luego lo modificaron para que fuera conducido por una mujer. Antes de empezar quise estudiar para sommelier pero la producción me quería "virgen" total, no querían que supiera ni leyera nada, para que preguntara desde mi desconocimiento ante una situación gourmet.

¿Vos ya tenías gusto por el alcohol? ¿Te divierte tomar tragos, probar diferentes bebidas?

No, cero, no soy bebedora de alcohol, lo que más me gusta es el champagne y sólo puedo llegar a beber una copita de vino en alguna comida, nada más. El programa fue un genuino descubrimiento. Cuando me tocaba beber tés, jugos, limonadas, smoothies, eran los programas que más disfrutaba. Y cuando era el turno de los alcoholes probaba con cierto cuidado. Uno de los lugares que más disfruté fue Guadalajara, en México. Allí hay una feria en la que una señora llamada Tita empezó con un puestito de jugos y hoy tiene junto a sus cinco hijas un local enorme y súper kitsch, Las Titas, y hacen unos jugos increíbles exprimiendo y combinando vegetales y frutas de todo tipo. Otro lugar que recomiendo es Andrés Carne de Res en Bogotá, Colombia, con una historia parecida: empezó tirando unos churrascos a la parrilla y hoy tiene un restaurante alucinante, porque Andrés es artista plástico y hace trabajos de herrería, cerámica, así que entrar ahí es un viaje en sí mismo.

Si no eras bebedora, ¿cómo hacías para no terminar mal?

Es que no tomaba tanto, me mojaba los labios, no me quedaba acodada. ¡Aunque confieso que una vez seguí de largo! Es que la situación era muy ideal: estabamos en Río de Janeiro, en una bodega que solamente tiene espumantes y el champagne es lo que más me gusta a mí; la nota era con un actor brasileño, un negro hermoso (Lázaro Ramos), yo en ese momento no hablaba portugués pero nos entendimos ¡muy bien! Probé espumantes de todo tipo, Lázaro enfrente, una charla divina y en un momento la productora me dijo de cortar porque ¡ya había hecho tres veces la misma pregunta!

Tengo otra anécdota en México donde una barwoman me preparó un ABC, que es la bebida que los hombres les dan a las mujeres para endulzarlas: tiene Amaranto, Baileys y Cognac. Estéticamente queda preciosa porque se ven los tres licores en un shot, y es tan rica... Yo hice fondo blanco como si nada a y los diez minutos no podía más, y entendí ese cuento de que los hombres se lo dan de beber a las mujeres porque es un trago al que le entrás con gusto ¡y después te hace efecto!

¿En qué otros aspectos que no sean profesionales sos curiosa y te animás a probar?

Yo soy creadora de cosas, me gusta pintar, coser, hago cuadritos, lo que me salga. Tengo en casa como un tallercito con maderitas, telas, lanas, hilos, piedras, junto de todo y hago de todo. Me encanta la jardinería, tengo una compostera y una huerta en mi terraza con lechuga, rúcula, kinotos, perejil, mora, limonero y unos cherrys que debo cambiarlos porque no encontraron aún su lugar.

Estoy por mudarme así que debo desapegarme de muchas cosas, estoy eligiendo, sacando, donando, despojándome para mudarnos más livianos y no acumular tanto.

¿Cuáles son tus recuerdos culinarios, qué comías de chica?

Mi madre y mi padre cocinaban muy rico, comidas sencillas: milanesas, carne al horno, guiso, puchero; pollo al vino blanco era lo más sofisticado. Yo me aggiorné un poco más cuando viví sola, me compré un wok y metía todo ahí: verduras, brotes, pimientos, berenjenas, cebollas, pollo. Mi abuela paterna cocinaba mucho, pasábamos gran parte de los fines de semana con ella porque mis viejos trabajaban en teatro. Mis primeras comidas las aprendí con ella, desde hacer el flan hasta amasar pastas. También mi abuela pintaba, así que compartíamos ese arte. Para mí la gastronomía debería considerarse un octavo arte porque está llena de personalidad y creación.

 
Foto: Paula Salischiker

¿Y qué te gusta cocinarle a tu hijo de 6 años?

Marco está saliendo pescador porque mi novio lo invita a pescar y ya trajeron un dorado y una boga, que luego prepararon a la parrilla. Yo hago merluza en papillot: le pongo mucha pimienta, sal y nuez moscada, puerro, cebolla de verdeo, pimientos rojos y verdes, zanahorias, un chorrito de oliva y termino con un chorrito de crema. Me encanta la comida casera y me gusta mucho comer, en mi familia somos todos flacos pero de muy buen diente. En cuanto a lo dulce preparo panqueques, hago mis tortas hippies para cumples porque improviso: la última fue un bizcochuelo con relleno de dulce de leche y leche condensada y cobertura de chocolate. Las decoro con lentejas de colores, chupetines o granas y por eso las llamo hippies, porque salen de mi inventiva aunque no sea re prolija la terminación.

El espacio de la cocina es terapéutico y me parece saludable que nuestros hijos nos vean cocinar, hacerlos participar y comer juntos lo preparado, realmente creo que los chicos copian el ejemplo. Mi suegra me regaló algo maravilloso: una olla a presión. Mi novio es brasileño y en su país se utiliza muchísimo para hacer sopas porque los paulistas tienen mucha cultura japonesa y la sopa es algo tradicional. En casa siempre hay una sopa preparada. Y, claro, hago feijoada pero a lo Laura, hay ingredientes que evito porque la oreja de chancho, el rabo y todas esas cosas me dan impresión asi que las sintetizo en un buen chorizo colorado. Pero respeto los demás ingredientes: el poroto negro, ajo, laurel y todo va a la olla a presión. Eventualmente puedo hacer algún gazpacho en verano, por mis raíces andaluzas, aunque me gusta más el salmorejo porque es cremoso, no tan tomatoso, lleva pan duro en un momento del proceso y eso le da cuerpo, tiene ajo y mucho aceite de oliva.

Tenés un hijo varón y trabajaste en un programa rodeada de hombres, como es Pura Química, pero estás muy involucrada con el universo femenino. ¿Qué te enseñan los varones?

¡Marco me enseña de todo! Él siempre fue muy gitano, con su papá nos separamos cuando tenía 1 año, así que desde muy chiquito está acostumbrado a tener dos casas, a llevar su mochila. Seguramente eso hizo que no sea muy mamero y está bien porque a los hombres hay que soltarlos, si no se quedan en la comodidad. Marco llegó a mi vida para enseñarme, para reacomodar cosas, como todos los hijos.

También me enseñó a entender que las mujeres y los hombres somos dos géneros realmente diferentes. Hay muchos aspectos en los que no podremos ser iguales jamás y lo entendí cuando crié a un hombre desde chiquito. Saber eso me sirvió para cortar el cordón umbilical que solemos tener las mujeres con las parejas. Un día decidí que no me iba a hacer cargo de ningún hombre más en mi vida. Mi hijo es Marco, como pareja quiero un compañero, un par, un hombre y no un hijo… A veces las mujeres nos ocupamos de nuestros hombres con una cuota de instinto maternal, el hombre se va acomodando en esa situacion y un buen día –haciendo un pararlismo con la cocina– ¡la olla a presión estalla!

Tu padre vivió muchos años en España, ¿cómo se alimenta un vínculo tan fuerte a distancia?

Papá falleció hace tres meses, tuvo una enfermedad fulminante y por suerte pude priorizar y organizarme para estar con él. Lo visité en julio y en diciembre del año pasado, y cuando faltaba una semana para que vayamos con mi hermana a verlo otra vez, falleció. No pudimos despedirnos en persona pero mi última charla telefónica fue hermosa. Hay días en que estoy sensible y de verdad lo siento presente. A veces uno piensa que esa frase es un cliché, pero cuando te pasa podés entenderlo. Aunque vivíamos en países diferentes, cada vez que nos veíamos exprimíamos el tiempo al máximo, veíamos teatro juntos, compartíamos música, cada encuentro era muy disfrutado. Cuando mi papá decidió irse a España yo lo cuestioné mucho, pero hoy, siendo madre, pienso en cómo se la jugó porque se fue de grande a empezar de vuelta en otro lado, teniendo aquí una hija de 20 y otra de 14. Para mí fue durísima esa decisión porque teníamos un vínculo muy bueno, pero pudimos generar otro. Con mucho trabajo de terapia de por medio, él me enseñó que no importa la distancia para seguir conectado con alguien. El trabajo que hago a diario es soltar el pasado, proyectar el futuro pero no perder nunca de vista el presente, transitar y valorar realmente lo que tengo hoy.

7 de cocina


¿Un sabor?
Miel.
¿Una bebida?
Champagne pero solo frappé.
¿Qué salís a comer cuando salís?
Comida armenia árabe.
¿Una comida a la que no te podés resistir?
Cualquier cosa que tenga curry. ¡A Azcurra le gusta el curry! Mi cuenta pendiente de 2013 es aprender a hacer uno bueno.
¿Un viaje memorable por lo que comiste?
Italia. ¡Qué manera de morfar rico! Mi papá siempre decía que somos más italianos que españoles, y yo, que bailo flamenco y me siento súper española, se lo discutía hasta que pisé Italia y le di la razón. Me sentí en casa en todo sentido.
¿Un plato fetiche, que sabés que no te va a fallar?
Pollo al horno con papas, batatas, manzanas verdes y un chorrito de crema, con una ensalada verde para acompañar.
¿Creés que la cocina es inspiración o transpiración?
Las dos cosas: lo mío es más inspiración pero a veces también transpiro. Si hago guiso de lentejas durante tres horas te puedo asegurar que transpiro.

 
 
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