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Domingo 16/06

¿Cuántas tareas de tu casa delegás en otros?

Niñeras que juegan con nuestros hijos, maestras particulares que les dan apoyo escolar, empleadas que les cocinan… Estas son algunas de las tareas que, cada vez más, dejamos en manos ajenas. En lugar de invertir tiempo en satisfacer ciertas demandas familiares, lo destinamos a generar recursos para que otros las satisfagan por nosotros. ¿En qué punto parar la pelota?

Muchas veces la niñera tiene que ocuparse de cocinar y jugar con nuestros hijos.  Foto: Corbis

Por Liz Silberkasten

Tercerización de la familia". Ese es el nombre con el que el licenciado Esteban Mongiello, psicólogo de ADINEU (Asistencia, Docencia e Investigación en Neurociencias), bautizó el fenómeno, partiendo de la idea, muy gráfica por cierto, de pensar la familia como una institución o una empresa que brinda servicios a sus integrantes –servicios de los que ya casi no nos responsabilizamos–. ¿Qué pasa cuando todo aquello de lo que debieran hacerse cargo los padres es tercerizado? ¿Se produce un vaciamiento? Esas y otras preguntas giran en torno al concepto, que nos permite mirarnos al espejo y replantearnos el funcionamiento familiar.

Según el especialista, son varios los servicios que la familia, como institución, brinda a sus integrantes: protección, alimentación, educación, formación, diversión, higiene y salud. "La historia nos marca que, a medida que fue evolucionando la sociedad de consumo, muchos padres han decidido tercerizar parte de estos servicios en otros; quizás, en la búsqueda de ganancia de tiempo o en la búsqueda de efectividad", explica Mongiello. Y suma ejemplos: el apoyo para las tareas escolares, en la maestra particular; los juegos (hasta en vacaciones), en la niñera; la ida y vuelta del cole, en el chofer de la combi; la limpieza y la cocina, en el personal doméstico. "Esto generó un cambio de foco. Los responsables de la familia gastan gran parte de su tiempo y energía generando los recursos para sostener el costo de esos servicios tercerizados", analiza. "De esta manera, llegan a perder conciencia de que ellos también son responsables de esas variables".

Lo primero que se produce entonces, luego de esta pérdida de conciencia, es la delegación. "Frente a cualquier problemática, la posibilidad de autocrítica es muy baja, y la demanda se direcciona a los responsables externos", dice el especialista. El problema se produce cuando esta situación se sostiene en el tiempo ya que, de esta manera, los responsables de estas familias tercerizadoras tienen altas chances de sufrir un exceso de sentimiento de descontrol con consecuencias en la seguridad a la hora de tomar decisiones claves o en la instauración de pautas de crianza. "Este sistema tercerizado provoca, por defecto, que las familias se desconecten de su instinto, debido a que desconfían de sus propios recursos", profundiza el psicólogo.

Así en casa como en la empresa

Esta misma problemática ha sido estudiada en el ámbito empresarial donde, tal vez, es más claro verla. Cuando las compañías tercerizan parte de sus funciones, corren el riesgo de perder identidad. Esto genera un malestar que tiene que ver con el vacío y la falta de motivación de los dueños y jefes, al sentir que son sólo meros administradores de recursos, sin encontrarse involucrados con la esencia de la empresa. "Esa falta de motivación tiene que ver con la pérdida del control de variables por parte de jefes que sólo van a sus empresas a recibir informes de lo que otros realizan. Y eso hace que generen hacia sus empleados esa misma sensación de vacío y descontrol que ellos tienen", analiza. Esto trae a las empresas algunos riesgos, como mayores costos, concentración del conocimiento en manos de terceros, dependencia de un proveedor y mala calidad, en muchos casos.

Trasladado el fenómeno a casa, cabe preguntarse si no hay chances de correr la misma suerte. "La familia genera sus puntos de unión y consolidación en el trabajo compartido", explica el psicólogo. "Esto produce esa solidez que encontramos en familias en las que todavía la colaboración recíproca entre pares es algo habitual", refuerza, e invita a hacer un viaje al pasado: "Si recordamos nuestra infancia, encontraremos que los puntos de máxima comunicación e interacción entre los miembros se daban en la cocina. Ese espacio donde uno está preparando los alimentos y los demás ayudan o acompañan genera un vínculo compartido a través de la actividad. Quizás la cultura de lo inmediato ha instaurado una lógica del disfrute acotado, como si el trabajo compartido no pudiera estar dentro esa categoría. Disfrutar de colaborar es algo que se puede desarrollar en los chicos desde muy pequeños, y sólo se hace en vivo".

Sin embargo, la tendencia hoy es también tercerizar el placer. Cines, teatros, viajes y demás servicios que requieren de ingresos extras son hoy las alternativas, algo que redunda en más demanda de dinero y más trabajo para generarlo, reduciendo drásticamente el tiempo compartido. "En esa búsqueda de distracción, se puede caer en el uso excesivo de dispositivos de comunicación como celulares, televisor y computadoras, dificultando la consolidación de momentos claves de encuentro como la cena o el almuerzo familiar", suma Mongiello. Así, se produce una especie de círculo vicioso de búsqueda incansable de satisfacción, que produce una pérdida del eje de los objetivos básicos de la familia. "Otro factor de riesgo de la tercerización es la pérdida de la función de modelado", alerta el psicólogo. Aquí, los modelos a seguir son los padres, los encargados de mostrar conductas e indicar cuáles son positivas y cuáles negativas. Esta es la herramienta básica para que los hijos incorporen conductas nuevas correctamente. "Si no estamos presentes, el modelado no se genera de manera adecuada. Los terceros terminan siendo quienes modelan las conductas", reflexiona Mongiello. Terceros que, advierte, pueden ser tanto reales como virtuales, sobre todo en épocas de computadoras encendidas todo el día. Vos, ¿quién querés que eduque, críe y modele a tus hijos?

Hacelo en positivo

Por el Lic. Esteban Mongiello
"Para que la tercerización sea eficiente, es necesario tener en claro que aquello que se delega es el objetivo a cumplir, pero de ninguna manera la responsabilidad. Por ende, cuando pensamos en delegar una actividad debemos analizar el costo y el beneficio de hacerlo y, en especial, si no existe la chance de que sea realizada por algún miembro de la familia. Si esto sucede, esa será una actividad de fortalecimiento estructural de la familia, ya que le devolverá la esencia de ser el lugar propicio para la formación de personas bajo una lógica coherente y favorecerá la conexión empática de sus miembros".

 
 
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