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Sábado 11/05

Conocé los sabores del nuevo pueblo de Máxima

Una recorrida gastronómica por la ciudad donde reina Máxima permite descubrir sorpresas culturales, tesoros históricos y diseño de vanguardia.

 
Descubrí los mejores lugares para comer en Amsterdam. Foto: Walter Duer

Por Walter Duer

Es una ciudad cosmopolita para los paladares: existen en Ámsterdam infinidad de restaurantes de las más diversas etnias. Incluso, Máxima Zorreguieta mediante, es casi imposible caminar unas pocas cuadras sin encontrarse con alguna parrilla argentina con nombre cliché (como Tango, muy cerquita de Westerpark; La Pampa, en pleno centro; o La Parrillada, a metros de la Rembrandplain). En general, se trata de establecimientos con comida decorosa y algunos detalles graciosos, como los que pegan billetes de pesos en las paredes a modo de decoración o los que fuerzan a empleados llegados de todos los rincones de Latinoamérica a "aporteñar" su manera de hablar para hacer más autóctona la propuesta.

La ciudad es un verdadero hervidero cultural: la actividad de museos, galerías de arte, espacios de lectura y todos los etcéteras imaginables es imposible de abarcar. En cada punto hay algún referente gastronómico para hacer una parada deliciosa. El inicio inevitable del recorrido es por la Dam Platz, la plaza central, alrededor de la cual se ubican la Nieuwe Kerk (la nueva catedral), el sitio donde Máxima fue ungida reina y el palacio real. A pocos minutos a pie, la Oude Kerk, la antigua catedral, luce su imponente órgano, visible apenas se traspasa la puerta. En las cercanías, el café In de Waag, montado sobre un castillo construido en 1488, al que conviene llegar a partir de las 16.30 o a la hora del happy hour.

Durante la tarde, sirven un completo té con diversos sabores de la marca local Mr. Jones, que produce alternativas orgánicas o importa de acuerdo a los parámetros del comercio justo. Destaca el Smoking Joe, un té negro ahumado de Lapsang Souchong. Durante el happy hour se produce la degustación de ginebras del país, regada con historias sobre la fabricación de esa bebida y anécdotas sobre el castillo.

El segundo circuito debe recorrer el distrito conocido como Las 9 Calles (De 9 Straatjes), conformado por las transversales a los principales canales en esa zona: Herengracht (el del caballero), Keizersgracht (el del rey) y Prinsengracht (el de la princesa). Abundan las vidrieras con artículos extravagantes y diseños exóticos, como la tienda What’s Cooking, que muestra una abarrotada selección de artículos kitsch para la cocina, o las rarezas mobiliarias de Roerende Zaken.

La bohemia holandesa

No se puede haber atravesado este barrio sin haber experimentado el High Wine: una degustación de cuatro vinos y cuatro platos maridados por Dennis Kuipers, chef de The Dylan Amsterdam, uno de los hoteles más cool de la ciudad. Un detalle para quienes visiten sus instalaciones: el Ariadna Room, que hoy se utiliza como salón de eventos, lleva ese nombre en homenaje a Ariadna Nozemen, la primera mujer holandesa en interpretar una obra de teatro. Ocurrió en 1655, en un teatro que quedaba en el mismo sitio donde hoy se emplaza el salón, totalmente destruido por un incendio. Otra opción, también generada por un hotel, es la de Keizergracht 238, donde se puede probar el mejor salmón ahumado de toda la ciudad y una descriptiva selección de quesos holandeses. El hotel fue construido sobre 25 casas restauradas de los siglos XVII y XVIII.

Cerca de las Las 9 Calles, otro barrio más bohemio es el Jordaan. Casa de músicos y artesanos, alberga dos museos (el de Ana Frank, donde la preadolescente judía escribió su célebre diario mientras se escondía de los nazis, y el del Tulipán, donde se homenajea desde todos los ángulos posibles a la flor nacional), y también algunos de los cafés más famosos de toda la capital, con sus sillitas acomodadas al lado del canal. Uno de ellos es ‘t Smalle, con toda una historia detrás: nació en 1780 como la destilería de Peter Hoppe que, con los años, se convirtió en el productor de una de las ginebras más populares del país, tanto que tuvo un éxito comercial inmediato en toda Europa. Cuando la nueva administración tomó el local para abrir el café, en 1978, decidió conservar muchos de sus elementos originales, como la escalera de caracol que adorna su interior. También se puede evaluar el Café de Prins, con su súper terraza al canal. En cualquiera de los casos, se considera casi pecaminoso dejar el lugar sin haber probado los stroopwafels, una versión local del waffle. Por estas calles, en un momento, el visitante recibirá un golpe aromático. Es porque está en la cercanía de Simon Levett, que vende sus cafés y tés en el mismo emplazamiento desde 1817.

 
Descubrí los mejores lugares para comer en Amsterdam. Foto: Walter Duer

Más sabores, más cultura

Otra excusa para combinar la gastronomía y la historia holandesas es el Mercado de las Flores (Bloemenmarkt), que funciona desde mediados del siglo XIX: apenas saliendo de Las 9 Calles, sobre el canal Singel, un espacio en el que los tulipanes se pueden comprar envasados de tal forma que permiten subirlos a los aviones. Por aquí, dos queserías pegadas hacen dudar a todos los potenciales clientes sobre en cuál conviene entrar: De Kaaskelder y Henri Willig. Ambas son casas muy tradicionales con locales en diferentes puntos del país.

Nadie puede decir que conoció Ámsterdam si no siguió la pista de dos de los holandeses más famosos: Rembrandt, nacido en Leyden en 1606 y fallecido aquí en 1669, y Van Gogh, oriundo de Zundert, donde nació en 1853, y muerto 37 años más tarde en Auvers-sur-Oise. Para hacerlo, basta dirigirse a la Plaza de los Museos, donde están el Rijk –con varios trabajos del primero- y el Van Gogh, que, como su nombre lo indica, está completamente dedicado al segundo. Y tiene uno de los mejores trazados de museos del mundo. Es fácil de recorrer, y el visitante, aun el más lego, sale con una idea acabada de la carrera del pintor. Además, tiene un comedor donde la especialidad de la casa no pasa de la comida rápida pero que es ameno y placentero. Para completar la historia de Rembrandt, es necesario volver al centro y recorrer Rembrandthuis, su hogar y espacio de trabajo.

Rembrandt también sirvió para ponerle nombre a Rembrandtplein, ubicada entre Las 9 Calles y el río Amstel, con bares y restaurantes alrededor y miles de sillitas callejeras. Se trata mayormente de sitios con un perfil turístico, pero aquí vale más el placer de sentarse de cara al sol a ver la gente pasar que el de la comida propiamente dicha. Otro punto netamente gastronómico es el Spui, cerca del centro viejo, donde destaca Gartine y sus croissants mágicas.

Hablando de magia, es de visita obligada el restaurante De Kas: una construcción de vidrio que data de 1926 y que supo ser una de las instalaciones del vivero municipal de la ciudad. Cuando estaba a punto de ser demolida, en 2001, fue recuperada por el chef Gert Jan Hageman, que la convirtió en uno de los restaurantes emblemáticos de todo Holanda. Está más o menos a cinco kilómetros de Dam Platz, en el parque Frankendael.

Para planear un cierre con paladar de reina, no hace falta tener en el bolsillo más de dos euros. Basta con acercarse hasta el mercado callejero de la calle Albert Cuypstraat, un poco alejado del centro, y tomar un jugo de naranja al lado de la foto que testimonia que Beatriz en persona, la antecesora de Máxima y Guillermo, experimentó alguna vez ese brebaje cítrico.

 
Descubrí los mejores lugares para comer en Amsterdam. Foto: Walter Duer
 
 
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