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Martes 30/04

Aprendé a cuidar y mimar tus pies

No hay masaje más placentero: te ayuda a descargar estrés, a recuperar el equilibrio energético y a mejorar dolencias. Además, te lo podés hacer sola. Aprendé la técnica.

 
Relajate después de un día largo con un buen masaje en los pies.  Foto: Archivo

Por Verónica Salatino

Si sos de las dichosas que tienen la suerte de tener una pareja que la mima con unos masajitos en los pies a diario, entonces llamalo y compartan la nota, así aprende a hacértelos todavía mejor. Y si no corrés con esa suerte, no importa: acá te contamos cómo hacerlo vos misma. Es que masajear nuestros piecitos no es solo un mimo, sino una verdadera terapia. De hecho, existe una especialidad en la materia: la reflexología, cuya aspiración es reestablecer el equilibrio energético del organismo, ya que en las plantas de los pies (así como en las palmas de las manos) están reflejados todos los órganos del cuerpo. Y la hay de dos tipos: la holística y la sintomática.

La reflexología holística tiene un plus: considera que ambos pies reflejan y representan a la persona de manera integral, por lo que no solo se basa en la técnica manual, sino que la combina con otras verbales de acompañamiento, que aceleran e incrementan los resultados. A saber: el reflexólogo holístico realiza una hipótesis de tratamiento, basándose en el relato del paciente, la lectura de sus pies y los mensajes del cuerpo y sus síntomas. Y está entrenado para efectuar intervenciones verbales, tendientes a facilitar en el paciente la toma de conciencia de lo que le sucede y de lo que necesita hacer para estar bien. Como ofrece una mirada integral de la persona, entendiéndola como una unidad de cuerpo, mente y espíritu, esta terapia es buena para un montón de cosas; entre ellas, lograr la armonización general, aliviar el estrés, tratar tensiones musculares (generales y localizadas), mejorar desequilibrios funcionales (tanto del sistema nervioso como del circulatorio y digestivo), suavizar desequilibrios emocionales y más.

El spa en el baño de casa

Una vez que tengas identificado el punto a tratar, y antes de empezar con los masajes, hacete un baño de pies de 15 minutos (no más) con sal y agua tibia, para descargar las tensiones del día. Usá sal gruesa o sales marinas y, si querés sumar unas gotas de esencia de lavanda, mejor. Poné los pies dentro de un recipiente (balde, bañera, piletón, ¡lo que tengas!) y registrá cómo están, qué sensaciones tenés en ellos, respirando desde el abdomen (6 segundos), reteniendo (3 segundos) y largando el aire (6 segundos). Después, hundí la panza y repetí los ciclos de respiraciones durante los 15 minutos que te lleva el baño.

¡Llegó la hora del masaje! Parate, cerrá los ojos y registrá cómo apoyan tus pies en el suelo: identificá cuál está más tenso, cómo sentís tus dedos, el talón, los metatarsos, y respirá profundo. Mientras lo hacés, sentí que por la planta de los pies ingresa nuevo oxígeno a tu cuerpo y que al exhalar sale toda la tensión del día hacia el centro de la Tierra. Ahora sí, ¡a masajear! Empezá con el pie izquierdo, que representa el pasado, lo femenino y la madre; y terminá con el derecho, que es el futuro, el avance, el padre y lo masculino.

  • Ponete crema nutritiva en las manos.
  • Cruzá la pierna sobre la rodilla y abrazá el pie con ambas manos, llevando la crema desde los metatarsos hasta el talón.
  • Tomá el dedo meñique desde la base hacia afuera, como sacando la piel que lo rodea suavemente. Hacé lo mismo con todos los dedos hasta llegar al pulgar.
  • Ahora realizá una tracción hacia afuera con el pulgar y empezá a practicar movimientos de rotación lenta hacia ambos lados. Repetí con cada dedo.
  • Volvé al meñique, recorré cada dedito y respirá profundo en cada lugar donde sientas dolor o rigidez.
  • Amasá los metatarsos con ambas palmas de las manos, haciendo presiones circulares y alternando la presión. De esta manera, estarás realizando una especie de amasado de tu pecho y espalda.
  • Con el pulgar de tu mano en la parte más alta del arco del pie y los otros cuatro dedos sobre el empeine, hacé movimientos circulares del pulgar en el sentido de las agujas del reloj, dibujando distintas líneas hasta llegar al talón.
  • Con una mano sostené los metatarsos y con la otra, el talón. Realizá movimientos de rotación del talón hacia ambos lados. Así desbloqueás la pelvis y la cadera. (Si te resulta difícil, entonces simplemente rotá el pie hacia ambos lados y llevalo hacia adelante y atrás mientras elongás desde el talón).
  • Si tenés problemas de constipación, antes de terminar hacé algunos círculos en el talón, cubriéndolo completamente.
  • Para terminar, masajeá cada pie hacia abajo, suavemente, como drenando toda la tensión que haya quedado en su superficie.
  • Por último, agradeceles a tus pies, porque son los que te llevan y traen, y soportan todo tu peso.

Punto x punto

Si te entusiasmaste y ahora querés probar algo más específico, lo tuyo es la reflexología sintomática. Seguí este mapa para saber dónde poner el foco del masaje, según los mensajes que tu cuerpo te esté mandando:
Los dedos son la cabeza.
En las articulaciones de los dedos están los ojos, oídos, senos nasales, mandíbula y dientes.
En los metatarsos está el pecho.
La espalda la encontrás en la planta.
En el arco están los órganos blandos: hígado, bazo, estómago, pulmones y, descendiendo hacia el talón, los intestinos.

Asesoró: María Elena Schiariti, reflexóloga holística.

 
 
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