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Miércoles 24/04

Ushuaia: descubrí los placeres del fin del mundo

Un viaje por la más refinada cocina patagónica, plena de pescados y mariscos, tortas, muffins y scones de alto impacto, además de colores únicos en cada estación. Y lo mejor es que cada bocado está bien ganado con aventuras en la naturaleza.

 
Probá los sabores de esta ciudad austral. Foto: Ezequiel Romero

Por Carola Chaparro

Lo primero que se ve al llegar es una ciudad asombrosamente colorida, con la cordillera de los Andes y el Canal de Beagle como escenografía dominante.

Hay que trazarse un plan muy prolijo para visitar los hitos imperdibles: tren histórico, navegación, un parque nacional, la cárcel, los restaurantes y alguna casa de té. Por eso se aconseja dejarse llevar por los expertos: Tolkeyen (que en lengua ona significa "dar de corazón") tiene guías especializados en armar todas las recorridas clásicas. Si se busca algo alternativo, hay que acudir a la gente de Canal Fun, un grupo que propone travesías en vehículos 4x4, kayak, trekking y aventuras con la fauna local.

Gusto autóctono

Si el viaje por Ushuaia fuera gustativo, se podrían hacer tres buenas paradas que representan la riqueza de sus productos: Le Martial, Kaupé y María Lola. Incluso es posible agregar algo todavía exótico en estas latitudes, como el sushi (porque los cocineros locales hacen de todo con los frutos del mar, menos sushi). Hay un sushiman muy renombrado en el fin del mundo, que vale la pena conocer.

Primera parada: subiendo al Glaciar Martial está el Hotel Las Hayas, que semeja un pequeño castillo, con aires de astillero. Las habitaciones tienen un estilo que recuerda el 1900: paredes enteladas, sillones Reina Ana, escritorio y ventanales inmensos.

Pero además de ser un hotel cinco estrellas, tiene un restaurante memorable, una cita para la gula marítima: Le Martial. Liderado por la chef marplatense Lucia Curone, que elabora sus platos con insumos típicos de la zona, la carta propone lubina al romero, paleta de cordero o sorrentinos de centolla. Las recetas de la chef Curone fueron elegidas para formar parte del libro The Celebration Cookbook, que reúne los mejores lugares del mundo, reseñados por la cadena hotelera The Leading Hotels of the World.

¿Lo mejor? Desde Le Martial hay una hermosa vista nocturna de la ciudad, que se extiende en el valle como un gran cúmulo de pequeñas lucecitas.

Segunda parada: para comer en el centro, Kaupé, el lugar que visitan los extranjeros, no solo porque permite una mirada privilegiada sobre el Canal de Beagle, sino por el cocinero Ernesto Vivian, que ganó el Gran Premio Mejor Restaurant 2005 de la Academia Argentina de Gastronomía y hoy retiene a su público: los comensales vuelven. La mayoría del salón está ocupada por los habitués.

Se deben probar el ceviche de Cojinova y la merluza negra en papillote y, si es posible, conversar con el chef: ahí donde ahora están las mesas antes era el living de su propia casa. Vivian abandonó la vida profesional que llevaba cuando empezó en el '89 a cocinar para los amigos y terminó agasajando a los clientes de su restaurante Kaupé ("estar en casa", en lengua de los haush, aborígenes originarios). "Soy un bon vivant, pero en este sentido: vivir bien es tener un tiempo para disfrutar de las cosas. Eso es lo que hago con mi restaurante", explica.

Tercera parada: otro almuerzo doblemente justificado por el paisaje y la exuberancia de sus platos es María Lola, el restaurante que tiene la forma de una casa y una grandiosa ventana para seguir la llegada de los cruceros y las embarcaciones. La gente pide linguini con centolla y vieiras, y un risotto bien cargado de frutos de mar. ¿Postre? Copa María Lola, con helado de calafate, el fruto típico de la zona. Este lugar es el más elegido por los vecinos de la ciudad: está lleno todos los días por sus platos con insumos frescos, precios razonables y porciones generosas, pensadas para compartir. El creador es Willy Querciali, nacido en Ushuaia, y ya hace ocho años dedicado a la gastronomía, apoyado en su chef, Fernando Gallardo.

En María Lola también se puede conseguir la cerveza Beagle, artesanal y por barril. Y el vino perfecto para cada plato, porque hay cava propia a la temperatura indicada.

Cuarta parada (de yapa): si se intenta una cena diferente, lo indicado es Sushiboard, el sushi más reconocido de la zona, por la excelencia de Fabián Goñi, recordado por sus shows de cocina en el cerro Castor, durante la temporada de esquí. ¿El ingrediente favorito del sushiman? Centolla, para un roll codiciado. Goñi, porteño radicado hace unos años en la zona, trabaja también con atún rojo, consiguiendo sabores bien acoplados. La gente de Ushuaia elige este lugar: es el espacio adonde ellos, y no siempre los turistas, comen cuando tienen una ocasión especial.

 
Disfrutá de un arroz con mariscos en María Lola. Foto: Ezequiel Romero

Los museos

En el Museo del Fin del Mundo se pueden ver los restos de la cultura yámana, que quedó prácticamente diezmada por las enfermedades que les trajo el contacto con los europeos. Las canoas de corteza de lenga son el testimonio de su vida marítima: en el centro, sobre un fondo de arena, siempre llevaban un fuego encendido, y se untaban la piel con grasa de lobo marino para protegerse del frío.

Muy cerca del Museo está el Antiguo Presidio, que aún conserva una parte del edificio intacta. A fines del siglo pasado, la cárcel fue el eje para poblar ese fin del mundo inaccesible. ¿El plan? Hacer una colonia carcelaria destinada a los condenados a cadena perpetua, que trajera a los guardiacárceles, sus familias y un grupo de comerciantes.

Con casi 400 celdas de 1.5 x 2 m, los castigos, el frío extremo y la falta de esperanza para criminales y presos políticos era lo más temible en esta unidad carcelaria, que fue cerrada en 1947. Caminar en silencio por el edificio originario y meterse adentro de las pequeñas celdas es un buen ejercicio de empatía.

Tortas, muffins y scones

Con el city tour tradicional por Ushuaia se recorren calles en subida y bajada, museos y un rápido vistazo del puerto. A esa altura es fundamental hacer un alto en Alma, pasteles con encanto, el nuevo espacio de cakes y minicakes: frutos rojos, chocolate y pistaccios son el espíritu del lugar, que es un desprendimiento del conocido restaurante Gustino, siempre lleno de extranjeros, y tiene como pastelera a Sandra Muñoz, que recomienda su cake de manzana, los macarons de pasta de almendras y americana, la cheesecake y la nutella, sus especialidades. "Abrimos la pastelería porque a los clientes les encantaban nuestras tortas y venían a llevárselas. Ellos nos dieron la idea", explica.

Pero si el espíritu de la aventura conduce el día hacia el glaciar Martial para conocer el bosque desde el aire, con arneses, casco y guantes con los expertos en tirolesa de Canopy, después de cuarenta y cinco minutos de puentes colgantes lo indicado es un té con tortas. Cabe aclarar que esta actividad, que se realiza en familia, permite ver los picos nevados y el valle desde otra perspectiva. Los chicos pueden subir desde los seis años. Después, el límite es el espíritu aventurero de cada uno.

La Cabaña Casa de Té queda estratégicamente al lado de Canopy: un reloj de arena dice cuándo está lista la infusión elegida. El té viene con un esponjoso lemon pie, scones, muffins y tortas de todos los calibres.

La anfitriona, María Salduna, materializó el sueño de la pastelería propia. Llegó muy joven, como maestra jardinera, y crió aquí a sus hijos, pero no solo eso: editó un libro con sus recetas, en castellano y en inglés, que ya va por la cuarta tirada.

En altamar

El día de la navegación en catamarán, el Explorer zarpa desde el puerto de Ushuaia y hace un paseo rodeando la Isla de los Cormoranes, el faro, los lobos marinos y los pingüinos.

Acá lo imperdible es el encuentro entre las dos especies: el barco se asienta en la costa de la isla, los pingüinos se acercan a mirar y los turistas sacan fotos, sin bajar de la embarcación. Se estiran las manos en un intento por acariciar, saludar y comunicarse; ellos entran al mar y hacen piruetas, tocando el barco desde el agua como si quisieran subirse a bordo.

Lo que sigue es la estancia Harberton. Fundada en 1886 por Thomas Bridges, debe su origen a la pasión del famoso misionero inglés por proteger y estudiar las comunidades de los yámanas, el pueblo más austral del mundo. Bridges había llegado con su padre, un misionero anglicano, a instalarse en la Isla Keppel (Vigía) en Las Malvinas, a los trece años. Ahí aprendió el idioma y tuvo contacto con su cultura, facilitando los diálogos. Después de treinta años de trabajo con los yámanas, como reconocimiento a su labor y su gran ayuda, el presidente Roca le dio la ciudadanía y las tierras para establecer la estancia.

Las visitas dejan ver un terreno ondulado, la casa blanca de techos rojos, el verde intenso, la huerta con flores de cada color, las colinas suaves y los caballos, que hacen pensar en un pueblito de Gales.

El edificio mantiene la arquitectura original, es Monumento Histórico y dejó las ovejas para reconvertirse al turismo. Se recorren todas sus instalaciones para descubrir un museo de huesos, con esqueletos completos de los animales marinos de la zona. En el almuerzo, la cocina de Harberton ofrece una espesa sopa de cebollas típica, o su célebre guiso de carne, que a veces trae cordero, y suma vegetales y hortalizas de su huerta, con pan casero.

Off road y a vapor

No hay que perderse la visita a los lagos Escondido y Fagnano, pero en su versión off road, en una hermosa 4x4 roja. El guía, apodado "el franchute", conduce y habla en varios idiomas sobre los árboles y la fauna local, mientras las ruedas se hunden el barro y cada declive inclina la camioneta hacia uno y otro lado. Hay quienes gritan o se ríen, mientras otros quedan mudos de dicha: poca gente entró al lago Fagnano con el agua a mitad de la puerta, mientras cae la nieve muy despacio.

Por supuesto, el almuerzo es inolvidable y sin ningún restaurante a la vista: en un refugio, los guías cocinan, al mejor estilo Francis Mallmann, una exquisita carne asada a la leña y sirven una picada de quesos y fiambres regionales, mientras su pequeño grupo de comensales mira el lago. Aparece un zorro, luego un carancho; el olor de la carne asada es muy atractivo para todos.

A la vuelta, se impone una parada en los diques de los castores: 50 animales llegaron desde Canadá en 1947 para estimular la industria peletera, pero el clima menos extremo y la falta de predadores los llevaron a casi 200.000.

Queda por visitar el Parque Nacional Tierra del Fuego. A bordo del Tren del Fin del Mundo, con locomotora a vapor, vagones angostos y verdes, en una hora se ve todo el bosque. Luego, caminata por pasarelas de madera en bahía Lapataia, a 3079 kilómetros de Buenos Aires, el final de la ruta 3. Un buen momento para perder la vista en el horizonte y sentir como los primeros exploradores, como Darwin, que se está en las heladas tierras más australes y hermosas del mundo.

 
¡Viajá en el tren del fin el mundo!. Foto: Ezequiel Romero

Recorrido para armar
Tolkeyen: tolkeyenpatagonia.com
Canal Fun: canalfun.com
Alma, pasteles: almapasteles.com.ar
Hotel Las Hayas: lashayashotel.com
Sushiboard: facebook.com/pages/Sushi-Board-Ushuaia
Kaupé: kaupe.com.ar
María Lola: marialolaresto.com.ar
Canopy: canopyushuaia.com.ar
La Cabaña Casa de Té: lacabania.com.ar

 
 
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