Revista Maru
 Último momento

 

Leer en

Familia

Domingo 24/03

Seis cosas que no te bancas del colegio

Junto con la emoción de que tus hijos crezcan, vuelven esas cosas insufribles de las escuelas. ¡Liberate de la culpa! Nos pasa a todas. Y casi siempre hay solución.

Preparate vos también para la vuelta al cole de tu hijo. Foto: Corbis

No me banco el caos de la salida

Todos amontonados, pegándole codazos al padre de al lado para llegar a la primera fila, como si se tratara del recital de un ídolo y quisiéramos tocarlo. Pero no: cuando llegamos –¡si lo logramos!– lo único que encontramos es a la maestra, a puro grito, vociferando el nombre y apellido de cada uno de los chicos del aula. Y por allá atrás, alguien levanta la mano y hacia allí mandan al nene. Si la mano es del padre o algún familiar autorizado a retirarlo, solo Dios lo sabe; así como solo Él puede protegerlo y garantizarnos que en el camino, en el medio del caos, alguien no lo va a arrebatar antes de que llegue a destino (es decir, al lugar desde donde se levantó la mano). Y si tenés la suerte de que te tocó una maestra que te lo entrega en brazos, también tenés que soportar el caos, los gritos, los empujones, las esperas y los autos en doble fila que generan un desastre de tránsito tal que después no podés cruzar la calle, las bocinas de los que no pueden pasar te dejan la cabeza hecha un carnaval y, por supuesto, todos llegan a casa con los sentidos y ánimos alterados.

Palabra de experta: El incumplimiento de normas (dónde no estacionar, dónde no parar, qué no hacer, etc.) es la primera causa de la desorganización en la puerta de las escuelas. Cada uno para donde quiere y hace lo que quiere, independientemente de las pautas propuestas para la sana convivencia. En ese sentido, el colegio es una institución social como cualquiera: solo funciona con normas y reglas tácitas que dependen de su cumplimiento para el bienestar común. Es corriente ver padres parando frente a carteles de no estacionar, madres intentando entrar a pesar de que los chicos deben entrar solos, grupos que charlan justo en la puerta aunque obstruyen la circulación y más. Aquí, quien debe dar el ejemplo sos vos. Si te molesta el caos que se produce, no contribuyas con él; así no solo dejarás en evidencia a quienes están actuando mal sino que, además, estarás educando con hechos a tus propios hijos. El "si él lo hace, yo también", no vale.

No me banco a la maestra

Y sí… todas hemos pasado por esto. Siempre hay una –al menos una– que nos cae fatal, ya sea porque nos habíamos encariñado con la del año anterior o porque realmente se merece nuestro rechazo. Es que están las que hacen su mejor esfuerzo, pero también las que parece que se volvieron maestras para tener todos los días a los chicos bajo su control, sencillamente porque los detestan. También está la madre frustrada que se cree mamá de todos y quiere hacernos la competencia, la desprolija, la gritona, la que sabe menos que una y la que parece un personaje de Antonio Gasalla. Si estás en el grupo de las detractoras de "la seño", ya sea por celos o con justa razón, hay algunas cosas que debés saber.

Palabra de experta: La maestra de los chicos pasa con ellos entre cuatro y ocho horas diarias y, en el mejor de los casos, se convierte en una figura de altísimo valor afectivo, sobre todo cuando son más pequeños. No es necesario que nos guste. Es una persona que ocupa un rol que debemos aprender a respetar. Cuando sus modos son diferentes a los que acostumbramos, puede resultar un poco chocante. Cuando la química entre ella y nosotras no es buena, puede resultar difícil de llevar. Sin embargo, trabajar para sostener el buen vínculo con la maestra de nuestros hijos es algo de lo que tenés de ocuparte. No la eludas.

No me banco a los otros padres

… Ni a ningún tipo de actividad social que los incluya. ¡Cómo no entenderte! Ahí está la que no hace más que hablar de lo bueno y lindo que es su hijo, la que te refriega el boletín lleno de diez en la cara, la que habla mucho, la que siempre tiene mala onda y hasta la que no-puede-ser-que-siempre-esté-contenta. "¿Qué necesidad tengo yo de socializar con esta gente si ya tengo a mis amigos?", te preguntás. Pues bien, lamentamos decirte que sí, que tenés necesidad, así que tomate una dosis de buena onda, respirá y hacele frente a esa vida social con tu mejor cara.

Palabra de experta: La vida social con los otros padres de la escuela y sus hijos también es parte de tu rol como madre. Durante la niñez de tus chicos, esta responsabilidad está orientada a conocer a las familias cuyos hijos son potenciales compañeros de experiencia de los tuyos. En la adolescencia, está dirigida a mantener el suficiente contacto como para estar al tanto de las experiencias de los chicos, sus costumbres y espacios. Ser padres es una gran responsabilidad que supone muchas otras más pequeñas, una de las cuales es la socialización (con tu consecuente acompañamiento).

Aprendé a tolerar las cosas que te molestan de su colegio. Foto: Corbis

No me banco que el colegio me demande tanta participación

Que el acto escolar, que el family day, que la feria del plato y la mar en coche. Desde coser el vestuario para que el nene actúe hasta subirse al escenario, preparar comida o saltar adentro de una bolsa de arpillera para competir con otro padre que tampoco se banca la situación, pero igual pone cara de alegría, todo parece posible de ser pedido por las docentes. Y mientras la maestra ofrece su interminable discurso sobre el motivo que nos convocó –¡otra vez! – y nos endulza el oído contándonos lo maravillosos que somos por prestarnos a pasar un día en familia (es decir, con tu familia y otras tantas que no sabés ni cómo se llaman), vos pensás: "¿Cuándo termina esto?". Una vez más, bajá un cambio porque es importante que estés ahí.

Palabra de experta: La participación en la vida de la escuela es una responsabilidad que tiene fundamento propio. La relación entre el rendimiento académico de los chicos y la presencia de la familia en la vida de la comunidad educativa fue demostrada en reiterados estudios. Eso modela positivamente el apego de ellos por la institución: si papá y mamá participan de las actividades es porque son buenas e importantes. El desprecio evidente y explícito de los padres hacia el colegio, las actividades que este propone y las maestras no hace más que acentuar el afecto negativo de los niños por la escuela. Y con afecto negativo, aprender no es posible.

No me banco a su amiguito

"Ese nene no te conviene". La que no dijo –o pensó– esta frase alguna vez que tire la primera piedra. Nos cuesta porque, hay que admitirlo, solemos ser madres controladoras, creemos que solo nosotras sabemos lo que es mejor para nuestros hijos y nadie más; ni siquiera ellos. Y a veces podemos tener razón, pero muchas otras no. No nos olvidemos de que es fundamental que ellos hagan su propia experiencia.

A veces nos empacamos contra el amiguito de nuestro hijo porque no nos gusta la cara, la familia, las notas que tuvo en su último boletín, los modos o todo eso junto. Siempre tendemos a pensar que nadie es lo suficientemente bueno para el nene. Sabelo: si empezás así, mañana serás la suegra bruja que nadie quiere tener (ni siquiera tu propio hijo).

Palabra de experta: No es posible elegir quién será amigo de nuestro hijo y quién no, pero sí es posible opinar, explicar, modelar y transmitir cómo consideramos que una persona debe comportarse. Los chicos pueden relacionarse con otros por afinidades que pasen por lo cultural, lo familiar, lo social o las costumbres. A veces, sin embargo, costumbres similares a las propias en otros nos resultan molestas o repudiables. El rechazo hacia los amigos de los chicos suele –cuanto más grandes son, más– acentuar la frecuencia e intensidad de esos vínculos. Lo importante es que desde que son pequeños seamos claros y honestos con ellos en relación a sus amistades, pero sin ser prejuiciosos. Probá con "creo que anda demasiado solo y no quiero eso para vos", en lugar de "no me gusta porque siempre está solo y no lo cuidan". El "creo" es la palabrita mágica que te otorga el beneficio de la duda.

No me banco que no tengan gabinete psicológico

Aunque parezca mentira, son muchos los colegios que, a pesar de que los padres invierten una fortuna en ellos, no ofrecen contención psicológica ni apoyo de psicopedagogos para los chicos. Tanto para orientar a los padres como para contener a los pequeños, el gabinete es de gran ayuda. Los chicos con dificultades en el aprendizaje agradecen su existencia. Si este no es el caso, en lugar de quejarte apretá el botón de "hacete cargo": aunque no te guste, enviar a tu nene a una escuela que no tiene todo lo que él precisa para su educación es algo que vos elegiste, y que solo vos podés modificar.

Palabra de experta: Padres y colegios deben trabajar en conjunto, aunque más de una vez, en conversaciones casuales, es posible percibir que funcionan como antagónicos. Muchas veces se los escucha quejarse del colegio como si este les hubiera tocado por sorteo, olvidándose de que ellos lo eligieron. La responsabilidad de la elección de dónde estudiarán los chicos siempre es de los padres, y ser consecuente con las decisiones y respetuoso con las normas de las instituciones que elegimos es una conducta fundamental para modelar a nuestros chicos. Así que aceptá lo que vos misma elegiste o, si no, remendá tu error cambiándolo a otra institución que sí te cierre.

Experta consultada: Licenciada Silvia Renata Figiacone, psicopedagoga, doctora en Psicología, neuropsicóloga y directora de Neuroeduca.

Aceptá las cosas que no te gustan. Foto: Corbis

 
 
Más notas de Familia