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Martes 26/02

Cómo descubrir si tenés higado graso

Quizás te sorprenda saber que no siempre se asocia al alcohol y que es más frecuente entre las mujeres que entre los hombres; ¡claves para mantenerlo a raya!

 
Foto: Archivo

Esteatosis. De esta manera también se lo conoce al hígado graso, que es ni más ni menos que la acumulación de grasas en la célula hepática. "Existe otro tipo de hígado graso, que está dado por la ingesta de alcohol, al que se denomina esteatosis alcohólica", dice el doctor Fernando San Cristóbal, médico especialista en el tema del Sanatorio Modelo de Caseros. Y, lamentablemente, se trata de una patología en aumento, porque también está asociada a la obesidad, la hipertensión y el colesterol alto. "Para explicarlo mejor, es una complicación que puede presentarse cuando hay exceso de grasa en la zona abdominal. Entonces las células adiposas pierden la capacidad de almacenarla y se infiltra en órganos vecinos. De esta manera, el hígado comienza a llenarse de grasa y esto afecta sus funciones", aclara la licenciada en Nutrición María Cecilia Ponte, de Laboratorio ALCAT.

Se está sorteando...

Si sos de mediana edad, obesa o con sobrepeso, con trastornos de azúcar en el metabolismo (diabetes) o de grasas (colesterol y triglicéridos), tenés casi todos los números para ser dueña de un hígado graso. Claro que, como siempre, los genes también ayudan: "No es una enfermedad hereditaria, pero sí existe una asociación familiar, ya que hay cierta predisposición genética a desarrollarla y también debido a que frecuentemente en una familia se comparten hábitos de alimentación que pueden favorecer su aparición", explica San Cristóbal. Y si a todo esto le sumás que sos mujer, ¡bingo! Tenés cartón lleno.

Aunque hay quienes son asintomáticos, existen algunas señales que pueden servirte de guía para decidirte a hacer una consulta. "Más de la mitad de los pacientes con hígado graso presentan fatiga persistente o malestar en el cuadrante superior derecho del abdomen, o ambas cosas", señala San Cristóbal. "A la hora del examen físico, muestran un agrandamiento indoloro del hígado, y generalmente son diagnosticados cuando acuden al médico por una elevación inexplicable y persistente de los valores de las pruebas hepáticas". Es que, por supuesto, todo esto viene acompañado de varios índices que se ven alterados como el de las enzimas hepáticas, las cuales llegan a duplicarse y hasta triplicarse, y/o de un aumento en los niveles de azúcar, colesterol y triglicéridos. "El diagnóstico suele darse cuando se encuentra elevación de las enzimas hepáticas, consumo de alcohol menor de 40 gramos a la semana y resultados negativos para la hepatitis B y C", explica el doctor.

La hepato-dieta

La alimentación juega un papel por demás importante en la salud de tu hígado. Si querés preservarlo, lo primero que tenés que hacer es eliminar –o por lo menos disminuir drásticamente– los azúcares refinados. Lo mismo con los carbohidratos (pan, pastas, papas, arroz), las grasas de origen animal y, obviamente, el alcohol. Del otro lado están las comidas que tenés que empezar a aumentar: verduras, pescados, frutos secos y yogur. "La dieta mediterránea es probablemente una de las más sanas para evitar el hígado graso y, al mismo tiempo, disminuir el riesgo cardiovascular", dice el doctor San Cristóbal. ¿Algo más? Que nunca te falte la actividad física aeróbica que, además de nivelarte los análisis clínicos, te suma energía.

¿Cómo esquivarlo?

Acá viene la buena: la mayoría de las personas con hígado graso no desarrolla una enfermedad con consecuencias graves. Sólo el 20% tiene algún grado de fibrosis en la biopsia, la cual puede progresar hasta llegar a una cirrosis o a un cáncer hepático. "El hígado graso es probablemente el origen más común de cirrosis criptogénica, es decir, sin causa aparente", dice San Cristóbal. Si no querés estar en este 20% (y ni siquiera en el 80 restante), hay varias cosas que podés hacer:

  • Evitá el consumo de alcohol.
  • A menos que sea indispensable, no tomes medicamentos dañinos para tu hígado como los analgésicos, antiinflamatorios o estrógenos.
  • Reducí gradualmente tu peso (nunca de manera vertiginosa, porque eso puede empeorar más el cuadro).
  • Vacunate contra la hepatitis A y B.
  • Aumentá la ingesta de antioxidantes.
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