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Viernes 22/02

¿Qué preferís un helado o un frozen yogurt?

Desde hace algunos años el refresco preferido del verano tiene competencia, se trata de una tendencia que viene de Corea del Sur y que cada vez se hace más popular; ¿pueden convivir estos dos imperdibles de estación?

 
Por Romina Metti


Los fieles amantes del helado no se dejan sobornar: no son consumidores ocasionales de temporada alta, sino que lo elijen durante todo el año, aunque llueve, truene, granice o la temperatura baje a cero. Tampoco lo elijen sólo como postre, sino que pueden salir a buscarlo en un arrebato de antojo a cualquier hora del día. A pesar de la lealtad de estos clientes, las pequeñas heladerías artesanales (aunque también las grandes cadenas) se vieron forzadas a incorporar el servicio de cafetería y a servir sándwiches e incluso comida para poder mantener los caprichos helados a costa de una oferta más amplia y flexible. Mientras las heladerías se iban transformando en comercios gastronómicos, un nuevo producto nacido en Corea del Sur asomaba con prudencia a fines de la década del 90 en Brasil, México y Estados Unidos, hasta llegar en 2009 a suelo argentino. Impresiones de los pioneros de cada rubro: Heladería y Confitería El Vesuvio y Top It. Top It: yogurt helado en dos pasos

Top it: un dulce saludable y novedoso

Gorriti 4721 - Reconquista 620 - Reconquista 1054

Ilana Messing y Guillermo Marx encontraron en el frozen yogurt una nueva forma de alimentación 100% adaptable al paladar argentino. Ya lo habían probado en Estados Unidos, Brasil y España y estaban convencidos de que tenían que desarrollar un producto a base de yogurt natural, no en polvo. Hicieron repetidas y variadas pruebas con un maestro heladero: "Queríamos que tuviera la acidez del yogurt pero sabiendo que el paladar argentino es un poquito más dulzón", comenta Guillermo. Durante seis meses convocaron a amigos y familiares a testear el producto, hasta lograr la combinación justa entre sabor, textura y consistencia.

El yogurt helado (o froyo, como dicta la jerga) es algo más que lo que uno puede imaginar. En Top It, la base se puede elegir de dos sabores: yogurt natural y uno estacional, que en este momento es sandía y que cambia cada dos o tres meses. En lugar de funcionar según el tamaño del cucurucho, es por vueltas (pueden ser dos, tres o cuatro, entre $ 20 y $ 28) o por kilo ($ 79), aunque también hay una variedad bebible que se licúa con las frutas elegidas (Yogurshake, $ 28) y una con dos capas de yogurt y dos de frutas y cereales (Vértigo, $ 27). Los toppings son los "condimentos" adicionales con los que se personaliza el producto: hay frutas frescas (melón, durazno, kiwi, banana, ananá, ciruela, frutilla, mango), frutos secos y cereales (almendra, nuez, copos de maíz, fuit loops) y dulces (mantecol, alfajor, cucurucho, óreo). En ocasiones hay toppings experimentales o exóticos, como los goyi berries y los litchis. El froyo también se puede bañar en salsas: de chocolate, dulce de leche, café, frutos rojos y maracuyá (estas dos últimas, a la venta para llevar).

Es una opción saludable, sin grasa e ideal para comer caminando, para reemplazar una comida (desayuno, almuerzo, merienda o cena) u oficiar de postre goloso y completo: aporta calcio y proteínas y contribuye al proceso digestivo. Debido a su composición y atributos, Guillermo sostiene que la diferencia entre el helado y el yogurt helado está muy marcada: "La gente que quiere helado, busca helado. La que quiere algo alternativo o más saludable, nos busca a nosotros. Hay momentos para el helado, que no es todos los días. Esto se puede comer a diario sin sentir ninguna culpa".

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El Vesuvio: helados con historia

Corrientes 1181 / 4382-3735

Comenzó sus días con un título que aún ostenta con orgullo: ser la primera heladería de Buenos Aires y, desde 2006, "Sitio de Interés Cultural por su aporte a la identidad porteña". La familia Cocitore abrió las puertas de El Vesuvio en 1902, equipándolo con una máquina inédita en el país: era un cilindro de cobre con un compartimento para hielo y sal (mantenían el frío), que funcionaba sin electricidad y era operada por dos hombres. Estos giraban una manivela durante dos horas para mezclar la leche, la crema y el azúcar y obtener así un helado delicioso y artesanal. Alrededor de 1922 se sumaron a la oferta los notables churros con chocolate caliente (inmortalizados en el tango "La Última Grela", cantado por Ferrer y tocado por Piazzolla) y la pastelería, de modo que El Vesuvio fue un punto de encuentro para distintos momentos del día. Por sus mesas desfilaron Jorge Luis Borges, Juan Manuel Fangio, Carlos Gardel, Tita Merello, Hugo del Carril, Alfredo Palacios, Alberto Olmedo y Ben Molar, entre muchos otros.

A lo largo de los años la heladería y confitería fue pasando de mano en mano, hasta el 2000, cuando llegaron sus dueños actuales. Aseguran que respetan la forma tradicional de elaboración y que todos los helados son hechos en la casa sin agregados químicos. La oferta es tan abundante como variada: hay alrededor de 60 sabores, algunos clásicos (vainilla, chocolate, dulce de leche, frutilla, limón, banana split, crema de cielo), otros especiales de la casa (Sambayón, Chocolate, Dulce de leche y Crema Vesuvio), otros más exóticos (strudel, Bayley’s, naranja con ananá, arándanos, frutos del bosque) e incluso algunos sin azúcar (chocolate, vainilla, frutilla y frutilla al agua). Se pueden degustar en distintas presentaciones: vaso ($ 18), tacita (entre $ 20 y $ 22), cucurucho ($ 22), 1/4 kilo ($ 25), ½ kilo ($ 45) o kilo ($ 79). Otro de los atractivos de El Vesuvio son las copas heladas: hay 24 variedades diferentes, que combinan helados, galletitas, salsas, frutas y dulces.

Mariano Marmorato, encargado de la comunicación de El Vesuvio, explica que el consumo de helado funciona por impulso del tiempo y que no es suficiente para mantener un local, por eso fue que incorporaron la oferta gastronómica, que va desde la sandwichería y las minutas hasta platos elaborados y postres. Respecto del yogurt helado comenta: "Conozco alguna tienda pero es un consumo diferente y limitado. El helado es el helado, tiene un consumo propio en el que inciden la calidad, la variedad, el clima y el precio". A pesar de la lluvia y el frío, la gente entra, almuerza, pide un helado o se sienta a tomar un café. Tampoco faltan los turistas que se sacan una foto con el imponente vitral de fondo o señalando las bachas de los helados.

Sin dudas, el helado y el yogurt helado son dos productos distintos pero que apelan paladares que buscan sensaciones similares. Queda a gusto del consumidor la elección de uno u otro, del momento preciso y del sabor preferido.

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Una receta fácil que combina ambos

Helado de yogurt, chocolate y brownie

 

 
 
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