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Domingo 27/01

Hablemos de sexo: cuándo explicarles a los chicos

¿Hay una edad ideal para hablarles a los hijos sobre el tema? ¿Qué debemos decirles? ¿Qué debemos callar? Éstos y muchos otros interrogantes rondan la mente de los padres; aquí, las respuestas.

Foto: Entremujeres
Por Verónica Salatino


No se trata de la conversación más fácil ni relajada que podamos tener con nuestros hijos. El sexo sigue siendo, incluso en pleno siglo XXI, un tema tabú para muchas personas. La televisión, el cine, las revistas y hasta las mesas de café están llenas de charlas sobre sexualidad, pero una cosa es conversar con nuestros pares y otra muy distinta es sacar el tema con nuestros niños. La vergüenza y la responsabilidad de saber que, tal vez, el accionar a futuro de ellos pueda depender de aquello que nosotros les digamos o callemos son algunas de las razones por las cuales esta charla es la menos esperada de todas.Y, si a eso le sumamos que la mayoría de los padres no son expertos en psicología o sexualidad y que, además, un alto porcentaje nunca tuvo este tipo de conversación con sus propios padres, el nerviosismo aumenta. Sin embargo, por más que busquemos y busquemos motivos,la realidad es que la charla familiar sobre sexualidad es hoy una obligación moral y una manera inteligente de prevenir posibles problemas, algo que en la balanza, sin dudas, pesa mucho más que todos los aspectos negativos que podamos encontrarle.

"Comenzamos a hablar con nuestros hijos sobre amor y sexo desde el momento de su nacimiento y quizás antes. Desde el instante que sabemos que es nena o varón, empezamos a tratarlos de una manera diferente de acuerdo al sexo al cual pertenecen. Allí comienza el diálogo, aunque no haya palabras, con las actitudes que adoptamos, con la elección de su ropa, con esa camiseta de fútbol que el papá coloca en la pared de la habitación, con la alegría del abuelo que ve perpetrado su apellido, con el moisés lleno de voladitos y puntillas de color rosa que pacientemente confeccionó la abuela", dice la licenciada Diana Resnicoff, psicóloga y sexóloga clínica.

Educar con el ejemplo

Como todo en la vida, ser coherentes con lo que decimos y hacemos es fundamental. Aunque nuestros hijos no lo digan, somos los modelos que siguen en la vida y, silenciosamente, nos observan y toman notas mentales sobre aquello que está bien y aquello que está mal. Lo mismo sucede en este campo. "La educación sexual es una parte más de la educación vital y somos los padres los primeros educadores. Educamos a través de las prohibiciones y permisos, de los juicios de valor del entorno relacionado con el sexo, con nuestras miradas de aprobación y rechazo, con la relación que tengamos con nuestra pareja", explica la especialista. Y agrega: "Pero cuando llega el momento de hablar con nuestros hijos acerca del sexo, no nos resulta tan sencillo; a veces por nuestras propias limitaciones porque carecemos de modelos, ya que en nuestra infancia nadie nos hablaba de estos temas. Somos nosotros quienes tenemos que crear estos modelos". Ahora bien, esta actitud hay que tomarla desde el mismo nacimiento de nuestro primero hijo, porque hay que tener en cuenta que los niños comienzan con sus dudas desde muy pequeños.

Alrededor de los dos y tres años ya nos sorprenden con sus preguntas explícitas sobre sexo, ya que a esa edad descubren sus genitales como aquello que diferencia a las nenas y nenes. Estos interrogantes, además, son generalmente expresados sin tapujos por los pequeños, que todavía no sienten la presión de la censura social sobre el tema. Entonces, ¿cuándo debemos comenzar a hablar con ellos? "Partiendo de la base de que el niño es un ser sexuado y sexual desde el nacimiento, su desarrollo es el que nos va dando la pauta sobre qué y cuándo debemos informarlo, simplemente atendiendo a sus preguntas, sus curiosidades, sus miedos, sus gustos y disgustos", aconseja Resnicoff. Ante preguntas tales como ¿todos los nenes tienen pito? o ¿por qué las mamás tienen tetas grandes?, la especialista recomienda responderles con la verdad para así generar en ellos la confianza necesaria en cuanto a que nosotros somos la mejor fuente de información y así, cuando tengan preguntas más complicadas, acudirán a los padres también. Además, de esta manera, se va generando el hábito y el vínculo comunicativo, algo que puede facilitar la interacción a futuro.

"A los niños hay que decirles la verdad. Algunos padres, al enfrentarse a una pregunta delicada, pueden desear dar una respuesta verdadera pero sentir al mismo tiempo que sus hijos no están preparados para conocer los detalles. Probablemente ambas ideas sean correctas, pero en lugar de desentenderse o dar una versión modificada de la realidad, es preferible optar por proveer la cantidad de verdades que el niño pueda manejar", enfatiza la psicóloga y sexóloga clínica. Y advierte: "Callar los interrogantes de nuestros hijos es también una forma de educar; con el silencio y la evasión estamos enseñando que del sexo no se habla ni se pregunta".

¿Un poquito de ayuda?

Es normal que muchas veces no sepamos cómo responder, pero en esas ocasiones debemos tener en cuenta que, mejor que huir o escapar por la tangente, es asumir la situación. Si nos equivocamos en algo, siempre podemos corregirnos y si aceptamos nuestro desconocimiento, podemos invitar a nuestros hijos a investigar juntos sobre el tema. "Es importante que él sepa que estamos dispuestos a escucharlo, creando puentes de comunicación", advierte Resnicoff, quien, además, nos tranquiliza también en caso de exceso de datos: "Si le hemos dado mayor información de la que nos pide, o nos hemos puesto catedráticos, él se encargará de hacérnoslo saber, ya sea aburriéndose o simplemente filtrando lo que responde a su interés del momento". Entonces, cuando no sabemos, podemos recurrir tanto a libros como a videos útiles sobre el tema (por supuesto, la idea es que los lean o vean en familia para conversar las dudas y para que el chico se sienta respaldado y acompañado). Pero, definitivamente, lo que no podemos hacer es desentendernos y dejar que la televisión, los amigos y hasta sus fantasías los eduquen.

Los mediadores son una gran ayuda, a la que debemos acudir para garantizarnos la mejor educación para los niños."Sería algo limitado centrar todo el tema de la educación sexual en los padres; los docentes, que están en contacto con la sociedad, los medios de comunicación masiva, los profesionales, participan de una manera u otra en el proceso de formación sexual y no sexual en los niños y adolescentes", dice la especialista. Y aclara: "La educación sexual no es sólo una explicación de cómo son los genitales o el funcionamiento mecánico de los mismos, ni de las prevenciones ante las enfermedades de transmisión sexual o las maneras de evitar un embarazo, ni de indicar a la gente ciertas y determinadas prescripciones, sino que también es una explicación sobre que, y quizás esto parecerá obvio, el sexo va ligado al goce y al placer".

"Tenemos que hablar"

"Aprendí sobre sexo por lo que me dijeron en el colegio y por comentarios de mis amigas. Recuerdo que me explicaron temas relacionados con el SIDA y cómo prevenirlo", dice Camila a sus 16 años. Así, aunque ya hayamos llegado a 2011, hay adolescentes que siguen iniciándose solos, basándose en lo que sus pares le contaron, alguna clase que -¡gracias a Dios!- le dieron en el colegio y, en muchos casos, hasta en lo que vieron y escucharon en la televisión. Camila es una de ellas: "La información que tengo la recibí del colegio y de la televisión, principalmente en escenas de novelas y en Bailando por un sueño", confiesa. Y Victoria (18) tiene una experiencia similar: "No tuve una charla sobre educación sexual ni con mis padres ni en la escuela. Siempre supe de qué se trataba el tema por iniciativa propia. Aprendí leyendo y hablando con amigas". Sin embargo, por suerte, hay padres que, poco a poco, se animan a sentarse cara a cara con sus hijos para mantener una conversación; ésa que ellos mismos no tuvieron con sus propios padres. "Fue difícil hablar sobre sexo con Sol (14) porque es muy vergonzosa. Lo hice yo sola porque la presencia del padre iba a ser peor", cuenta Verónica (45), socióloga. "Hablé con ella al comenzar la pubertad, ante las primeras salidas y la aparición de pretendientes. Elegimos ese momento porque aparecía la posibilidad de que se encontrara con situaciones nuevas, de relación con el sexo opuesto, y queríamos que estuviera preparada para vivirlo con naturalidad y, al mismo tiempo, que nadie la obligara a hacer lo que no quiere", agrega. Padre de Valentín (14), Juan (38) también optó por la conversación. "Fue una charla de a tres: mi hijo, mi mujer y yo. Y se dio por casualidad. Surgió en una discusión sobre los cuidados que hay que tener en general y, entre ellos, está el tema del sexo", dice. Para Marlene (43), esta situación ya se transformó en algo natural. Su hija, Jovanka (17) pudo contar con ella desde que le surgió su primera inquietud.

"Considero que los hijos deben ir aprendiendo con naturalidad y que deben ir incorporando la información de a poco, según su edad y sus preguntas. No creo que haya que sentarlos un día y hablar del tema como si se tratara de una clase especial. Aunque nunca es tarde, es mejor explicarles uno mismo a que se informen mal por otros", dice esta diseñadora gráfica. Y la especialista coincide con ella: "Es muy grande la influencia de los medios de comunicación. Y pueden informar como desinformar. Por eso, los padres son quienes deben decidir qué programas resultan educativos para sus hijos y cuáles no". Ya sabés: si todavía relatás cuentos de cigüeñas y repollos o hablás del "pitilín", es hora de cambiar de actitud, llamar a las cosas por su nombre y seguir el ritmo que la curiosidad de tus propios hijos te va imponiendo.

 
 
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