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Domingo 16/12

Deportes distintos para divertir a los chicos en estas vacaciones

Algunas actividades relacionadas con los adultos también son recomendables para los más pequeños; conocé los beneficios de que tus hijos practiquen golf, yoga, ajedrez y pilates

Por Verónica Salatino

Hoyo en uno

Si Tiger Woods empezó a jugar golf a los 3 años, ¿por qué tu hijo no puede? Sergio Fernández es profesional en la materia, fundó la escuelita de Pacheco Golf hace 15 años y da clases a chicos de 5 a 13 años, que es cuando ya sacan handicap y pueden empezar a competir como adultos. "En la escuela tienen clases de juego corto, putting green, con maderas para el juego largo y una vez al mes juegan torneos internos", explica Sergio. Para que todo sea más fácil, en el mercado hay palos adaptados a su estatura y con poco peso. "Cuando son chiquitos lo más importante es que se diviertan y que traten de no golpearse entre ellos. No se les aplica mucho la técnica. A partir de los 7 ya pueden trabajar la parte técnica, porque empiezan a coordinar mejor los movimientos", dice el profesional que, para hacerles más divertida la clase, pone banderitas o tachos con caritas felices en el campo de juego.

"Los beneficios del golf en los chicos se traduce en la concentración, sobre todo. El golf los educa, porque hay muchos códigos como que no se puede gritar, correr y la vestimenta debe estar impecable. Aprenden disciplina", concluye.

El arancel de una clase por semana ronda los $250 por mes (4740-9820). Las clases particulares salen $120 por hora.

Fotos de Lucas Engel. 
Experiencia

"Empecé a practicar golf a los 4 años, me gustó y nunca más paré", dice Juan Pablo, hoy ya con 14 años. "Lo que más me gustaba era estar con mis amigos y jugar un rato, pero ahora me doy cuenta de que el golf me enseñó a no enojarme y a tener paciencia. Es un deporte que te inculca desde chiquito mucha paz interior, te tranquiliza y te da paciencia. Eso lo traslado a mi vida cotidiana".

Oooommm

Los chicos se están sumando de a poco a la práctica del yoga, con algunas modificaciones. "Para ellos, casi todo se da a través de juegos. No hay consignas que sean corporales", explica Sol Alonso, del Centro Malva Yoga, donde da clases para niños. Así, adaptan juegos conocidos como la rayuela, a la que le ponen dibujos de posturas que los chicos deben hacer. "Las posturas de yoga tienen nombres de animales u objetos conocidos y eso lo hace más fácil", agrega.

Sol tiene alumnos de 2 o 3 años en adelante. "También damos yoga para mamás y bebés a partir de los 3 meses, así se trabaja mucho el vínculo entre ambos", cuenta Alonso, para quien esta actividad ayuda a los chicos a conocerse un poco más. "El yoga está diseñado para poder conocerse y, como hay ciertas observancias o consejos que uno debería seguir si quiere avanzar, lo que les inculca a los chicos es muy beneficioso. Entre esas observancias están el compartir, la no violencia, regular la energía, conocer el límite entre el propio cuerpo y el del otro, frenar, etc.", dice, explicando parte de los diez yamas y niyamas del yoga.

En tanto, Claudia Palavecino (¡la profe de Maru y sus hijas!) introduce a los chicos de 7 años en adelante en el Iyengar yoga, una rama que se caracteriza por la alineación en la postura. "No importa dónde llegues, lo que importa es que el cuerpo esté alineado para que la postura sea terapéutica. Eso en cuanto a los adultos, en los niños no se puede ser tan exquisito. Si bien yo busco que ellos hagan las posturas de la mejor manera que puedan, lo hago más desde un juego. Mi intención es que quede en ellos la semillita del yoga", dice Claudia.

Las clases de Iyengar duran 50 minutos, una vez por semana, y cuestan $300 por mes. En Centro Malva Yoga duran 60 o 90 minutos, una vez por semana, y salen $150 por mes.

Fotos de Lucas Engel. 
Experiencia

"Empecé yoga porque tal vez era mi destino, mi mamá hacía yoga cuando yo estaba en su panza y entonces, quizás, absorbí todos los conocimientos de la vida mientras ella iba", dice Martín, de 9 años. "Lo que más me gusta es pasar tiempo con Sol, mi profesora, y hacer las posturas porque son buenas. Cuando hago una clase de yoga me siento relajado y tranquilo, y eso lo uso para otros momentos de mi vida. Por ejemplo, hoy un nene me dijo ‘mozzarella’, como insulto, porque mi apellido es Musacarvani, y lo ignoré en lugar de pegarle una piña. Ya no me ofende. Es más, me recuerda lo deliciosa que es esa pizza y el yoga me ayudó a pensar así", suma Martín, quien además dice que aprendió a ser más flexible y a estirarse.

Jaque mate

A los 4 años ya hay niños que se animan a enfrentar el tablero de ajedrez. O, al menos, a acercarse a él a través de los talleres de preajedrez en el que, con juegos relacionados con la temática, les enseñan hábitos de pensamiento y pensamiento lateral. "Tenemos unos tableros gigantes en los que ellos son las piezas y pueden vivenciar el movimiento. El taller incluye títeres, canciones y más para que aprendan a jugar. De todos modos, el foco no está puesto en el ajedrez mismo, sino en el aprendizaje de hábitos de pensamiento, en que aprendan a parar los impulsos, que piensen antes de tomar una decisión, que evalúen dos caminos antes de decidirse por uno y que puedan relacionar dos puntos aparentemente inconexos", cuenta Marina Rizzo, directora de Caballito de Palermo . Y agrega: "El objetivo no es que salga un ajedrecista, sino que sea un mejor pensador".

Modelaje en masa de alfiles, peones, caballos y demás piezas; memotests o el juego de la oca con motivos y consignas ajedrecísticas son parte de estos encuentros para chicos de 4 y 5 años. A partir de los 6 o 7, los chicos están en condiciones de anticipar lo que el otro puede hacer, pueden ver las jugadas en su mente, lo que comúnmente se llama "pensamiento abstracto". Por lo tanto, ya están capacitados para empezar a jugar. Sin embargo, es a los 12 o 13 cuando cuentan con más poder de concentración y atención, y pueden sostener una partida de principio a fin, además de entender los conceptos más difíciles del juego.

"Recomiendo el ajedrez para los chicos por todo el sobreestímulo que tienen, desde los aparatos electrónicos, con los que están perdiendo la capacidad de pensar o reflexionar por sí mismos y los hace querer respuestas ya o a frustrarse antes. Este juego va en contra de esa tendencia. Acá hay que tener paciencia, estar en silencio, pensar con otros", cierra Rizzo.

Por $250 por mes, una vez por semana (clases de una hora y cuarto). Los sábados a las 15, padres y chicos pueden ir a jugar gratis, en el ciclo Ajedrez y Cultura.

Fotos de Lucas Engel. 
Experiencia

"Gregorio (4 años) era un nene muy inquieto y, por recomendación de un grupo terapéutico, lo enviamos a preajedrez. A él le encantó la propuesta, porque es un juego", cuenta Luisa, mamá de Gregorio. "Desde que hace ajedrez es más reflexivo, está más atento, él mismo te convoca en el transcurso de la semana con el tablero, te cuenta, hace relatos. No sé si es por su edad, pero ha hecho mucho cambio. Antes siempre estaba dando vueltas y ahora está mucho más tranquilo, escucha con atención y espera las indicaciones. Yo creo que el ajedrez lo aplacó", finaliza.

A estirarse

Pilates es una de las actividades preferidas de las mujeres porque es tranquilo, pero también intenso y efectivo. Ahora, los chicos también pueden disfrutar de sus beneficios. "Desde hace un año y medio damos pilates para chicos. Empezamos porque nos pareció recomendable hacerlo desde niños, porque trae beneficios en lo postural, en la flexibilidad y ayuda con los problemas de escoliosis que suelen tener los adolescentes", dice Geraldine Biondi, directora de Equilibrio Pilates, donde Sofía Lacheta es la encargada del grupo de pequeños entre 6 y 10 años.

"Esta actividad les permite conocer su propio cuerpo, gracias, entre otras cosas, a que trabajás todas las articulaciones y viene muy bien incorporarles eso desde chicos. Además, los calma y les enseña a mantener el equilibrio. Se trabaja mucho con la respiración y se les enseñan diferentes técnicas", suma Biondi, quien explica que en las clases intentan que los chicos puedan controlar sus posturas, que vean cómo están sus hombros y demás tips que les sirven para cargar la mochila del cole.

La propuesta para niños incluye camillas adaptadas (se les baja las alturas de las barras, resortes y pesos) y mucho trabajo en el piso.

Las clases, una vez por semana, de 50 minutos, cuestan $120 por mes.

Fotos de Lucas Engel. 
Experiencia

"Hago pilates desde hace un año porque me lo propuso mi abuela, probé y me gustó", cuenta Guadalupe, de 7 años, quien confiesa que lo que más le gusta de la clase es colgarse en el trapecio y el estiramiento. "Siento tranquilidad y eso lo practico después con mi abuela. Además me enseñan a respirar y también hago esos ejercicios en casa o en el cole, cuando me siento nerviosa", suma. Y finaliza: "Yo se lo recomendaría a otro nene. Le diría que haga pilates, porque lo va a ayudar a descansar, va a dormir mejor".

 
 
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