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Lunes 03/12

¿Qué son las células madre?

Están en la sangre del cordón umbilical y, si se criopreservan (se guardan en frío), pueden ayudar a salvar vidas. ¿Cómo se extraen, se mantienen y se están utilizando hoy?

Foto: Archivo
Por Verónica Salatino



Dicen que la naturaleza es sabia y que todo, absolutamente todo lo que precisamos para vivir, sobrevivir y hasta revivir está en ella. Las células madre se enmarcan en esa afirmación, ya que son una parte de nosotros mismos que puede ayudarnos para tener una mejor existencia.

Se las usa para tratamientos de enfermedades como la diabetes, el Alzheimer o el Parkinson y, según las últimas investigaciones, tienen la potencialidad de regenerar otras células vitales para el organismo como las neuronas, células cardíacas, hepáticas, del páncreas y más. Las células madre permiten combatir diferentes patologías que pueden aparecer a lo largo de la vida. Por eso es tan importante su preservación desde el instante mismo en que el niño llega al mundo.

Esto lo logran porque, una vez transplantadas, se reproducen formando nuevas células en la médula ósea, sin riesgo de ser rechazadas por el organismo (en el caso de que las células transplantadas sean de la misma persona). Sin embargo, se trata de algo totalmente nuevo, por lo que son una minoría la cantidad de personas en el mundo que hoy tienen sus propias células guardadas. De todos modos, siempre y cuando haya histocompatibilidad (tanto total como parcial) se pueden recibir transplantes de otras personas. Así, ya se realizaron con éxito este tipo de prácticas para el tratamiento de leucemias, linfomas, mielomas, neuroblastomas, osteopetrosis, anemia plástica, trastornos hematológicos heredados y algunas enfermedades inmunológicas.

¿Qué son?

Están contenidas en la sangre del cordón umbilical del bebé y tienen la capacidad de dividirse indefinidamente, así como de diferenciarse para producir células especializadas. De esta manera, pueden regenerar los principales componentes de la sangre: glóbulos blancos, que combaten infecciones e intervienen en las funciones inmunitarias; glóbulos rojos, conductores del oxígeno a los tejidos del organismo; y plaquetas, que intervienen en la coagulación de la sangre para evitar las hemorragias. Además, pueden regenerar completamente la médula ósea y el sistema inmunológico en casos en los que está seriamente afectado por alguna enfermedad, por toxicidad o por ciertos tratamientos médicos como la quimioterapia o la radioterapia.

¿Cómo se extraen?

Se realiza en un quirófano o una sala de partos, ya que la asepsia es la condición fundamental para su obtención, y dentro de un tiempo determinado para así evitar que la sangre remanente en la placenta y el cordón umbilical se coagule. Se pueden obtener una vez seccionado el cordón y antes de la expulsión de la placenta (a lo que se conoce como recolección in útero) o una vez que la placenta ya fue expulsada (recolección ex útero). La primera, de todos modos, es la más recomendable, porque permite aprovechar las contracciones uterinas para exprimir la sangre hacia la bolsa de recolección.

Luego de esto, tanto a la sangre de la madre como a la del recién nacido se les hacen varias pruebas para comprobar que no existan enfermedades transmisibles (sífilis, HIV, hepatitis B y C, y otras), además de estudios de viabilidad, recuentos celulares y más. Lo más importante: el bebé ya está en brazos de su mamá.

¿Cómo se guardan?

El método es la criopreservación, el mismo con el que se utiliza en el caso de las fertilizaciones asistidas. Es decir, las células madre se congelan a temperaturas extremadamente bajas, para así mantener su vitalidad sin alteraciones. Se guardan en un envase sellado herméticamente y que tiene unas sustancias crioprotectoras. Eso se lleva a un contenedor individual de acero inoxidable, que es sometido a un descenso progresivo de temperatura hasta llegar a los -80 ºC. Luego, se lo lleva a un tanque de almacenamiento definitivo donde permanece inmerso en nitrógeno líquido a -196 ºC durante todo el tiempo que sea necesario, incluso toda la vida.

Datito: no se congela toda la sangre que se extrae del cordón, sino que se descartan los glóbulos rojos, el plasma y las células de mayor densidad, que son las que están ya diferenciadas. Así se puede concentrar en un pequeño volumen la mayor cantidad de células madre.

Resultados

Las células madre, según los especialistas, pueden mejorar un ciento por ciento la calidad de vida de los pacientes. Por ejemplo, en 2009 se realizó en el país el primer tratamiento con células madre a un bebé con diagnóstico prenatal de fisura de paladar y labio leporino. "Los resultados fueron sorprendentes y permiten ser optimistas en cuanto a la calidad de vida del niño después del tratamiento", dice el doctor Claudio Chillik, director científico de MaterCell. Además, según el médico, las investigaciones permiten ser optimistas al proyectar que estas células puedan servir en un futuro no muy lejano para colaborar en la regeneración de tejidos específicos como el músculo cardíaco dañado luego de un infarto o células del sistema nervioso central, lo que permitiría un tratamiento novedoso de enfermedades como el mal de Alzheimer, el mal de Parkinson y la diabetes.

Últimos avances

Se están estudiando sus beneficios para tratar enfermedades malignas como la leucemia linfocítica aguda, leucemia mielógena aguda, leucemia mielocítica crónica, linfoma de tipo no-Hodgkin’s, mieloma múltiple y neuroblastoma, así como osteoporosis, anemia aplástica, beta talasemia, anemia de fanconi, Tay Sachs, anemia falciforme, síndrome de Hunter, síndrome de Wiskott-Aldrich, inmunodeficiencia combinada severa y lupus eritematoso sistémico.

 
 
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