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Viernes 30/11

Misterios y placeres gourmet de los pasajes porteños

Un recorrido por estos recovecos llenos de historias, placeres visuales y gustos autóctonos y no tanto; ¿te gusta descubrir lugares escondidos, conocés alguno más?

 
Foto: Nicolás Améndola
Por Jazmín López Joaquim

Los pasajes en la ciudad de Buenos Aires esconden un mundo distinto. En plena vorágine de la capital, se mezclan entre las calles, los pasajes de adoquines, casas de fachadas coloniales intercaladas con otras remodeladas a nuevo, grafitis y árboles florales. Es salir de un ritmo acelerado para sumergirse en la paz y el silencio que contienen estas callecitas porteñas.

Echarse a caminar por la ciudad es encontrar cosas nuevas. El pintoresco pasaje Bollini (entre French y Pacheco de Melo) es un espacio mítico de malevos y duelos a cuchillo -según recuerda Jorge Luis Borges-, que alberga hoy a tres parrillas. En la esquina de Bollini y French, está ubicado "Lo de mi hermano", que invita a comer "los mejores cortes de carne". Un casa de color verde fluorescente con manteles a tono, sillas y mesas rústicas de madera conforman la parrilla "La leona". Enfrente, pero pintada de rojo, se sitúa "Barbacoa", que está abierta "hace 20 años". Además, se encuentra el famoso café bar "La dama de Bollini", que ofrece una opción musical.

Entre sus calles de adoquines y veredas angostas, aún queda otra opción gastronómica. En la esquina de Bollini y Peña, se está por inaugurar el "Taco box", un lugar pintado de color verde agua, que invita a incursionar en el menú mexicano de fajitas, burritos, quesadillas y tacos de res. Entre tanta comida, también hay lugar para las coloridas casas con puertas antiguas; las artes en las fundaciones Bollini y Nicolás García Uriburu; y la decoración en Ketha Muebles y "El ángel de Bollini", taller de restauración de la decoradora Graciana Malbrán.

 
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En el adoquinado pasaje Mason (entre Aráoz y Julián Álvarez), grafitis, plantas y casas bajas conviven en esta callecita. En la esquina de Aráoz, el bar "The shangai dragon" sirve comida china de autor combinada con cerveza artesanal tirada.

En el centro de Palermo Soho, hay dos pasajes en paralelo a pocas cuadras uno del otro. El pasaje Russel (entre Gurruchaga y Thames) alberga una bodega cervecera, una peluquería vintage, un galpón antiguo plagado de grafitis en su fachada, negocios de muebles, lámparas, artículos tradicionales como alfombras y mates, y feria americana de ropa. En el primer piso de la esquina de Russel y Borges, hay una casa que vende todo tipo de tabacos. En frente, está el restó bar "Maxim" con terraza y mesas a la calle, y ofrece un menú muy variado pero su especialidad son los ravioles de todo tipo de vegetales.

 
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En otra de las esquinas, se encuentra el restó "Cabernet". Una casa antigua de color amarillo con patio adelante con mesas y sillas rodeadas de vegetación. Al andar por el pasaje se ve mucho colorido: banderines que cruzan la calle, casas de diferentes matices, dibujos y pintadas como: "Que haya paz en la tierra y comience por mí".

El otro pasaje, Santa Rosa (entre Gurruchaga y Uriarte), es mágico, con adoquines y venecitas en las paredes que conforman cuadros. Locales de ropa y de joyas de autor, una bodega de vinos, casas antiguas de colores, plantas y flores completan la postal. En la esquina de Santa Rosa y Borges, está ubicado el bar "Crónico", característico por sus manís con cáscara, sus paredes llenas de collage y mesas repletas de amigos. "La pulpería", en Santa Rosa y Uriarte, es un bar con un menú más exquisito: trucha, salmón y cordero.

 
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Otro pasaje palermitano, Emilio Zola (entre Godoy Cruz y Fray Justo Santa María de Oro), tiene en su esquina al restó mexicano "María Félix", coloridas casas, plantas, el centro de arte "Horus" y locales de deco para la cocina y la casa.

En el centro porteño, el pasaje Rivarola (entre Bartolomé Mitre y Perón) tiene una curiosidad: ambas veredas están construidas a modo de espejo. De fachadas parisinas, con un reloj antiguo de números romanos, este pasaje cuenta con varias librerías, casas de instrumentos musicales, y con el centro cultural Enrique Santos Discépolo.

 
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A pocas cuadras de allí, está el pasaje Santos Discépolo (entre avenida Corrientes y Lavalle): una peatonal en forma de curva por donde pasaba el primer ferrocarril de Buenos Aires. Faroles modernos, arboleda, un "Café Martínez" en una de sus esquinas y en el otro extremo, "The Coffee Store". Se suman a este espacio el histórico teatro Picadero y el café bar cultural "Mordisquito".

 
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Andar por el pasaje Tres sargentos (entre la avenida Leando N. Alem y San Martín) es salirse del bullicio del enmarañado centro de la ciudad. Hay un restó de comida tailandesa, el "Empire Thai", que ofrece sabores picantes para el paladar; y está el bar "Bárbaro" o "Bar o bar", declarado uno de los bares notables por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Este bar fue fundado por Luis Felipe Noé y un grupo de artistas plásticos de vanguardia, donde se privilegia la cocina gourmet en combinación con las artes. Pasear por los pasajes es pasar de un mundo a otro. ¿Qué descubriste en los pasajes de tu barrio?

 
 
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