Vida sana
Lunes 30/07Parto + marido: cuándo vuelve el deseo
Así como muchos hombres quieren compartir el momento del dar a luz con su mujer, hay otros que prefieren no hacerlo, no se sienten cómodos con la situación o temen que les baje la libido al reanudar la actividad sexual

Son muchos los médicos que recomiendan que el marido esté en la sala de partos con la mujer, que viva lo más cerca posible ese momento irrepetible. Sin embargo, de a poco, los hombres se animan a confesar algunos temores que, hasta no hace mucho, no se atrevían a decir en voz alta. Uno de ellos es que presenciar el nacimiento de sus hijos los deserotiza y se les hace muy difícil volver a tener sexo con su pareja. ¿Los motivos? Desde la impresión que les causa ver salir al bebé hasta el cambio inconsciente que se genera en sus mentes respecto de la función del cuerpo de la mujer.
Claro que no todos reaccionan de la misma manera. Y muchas veces la diferencia está dada por el conocimiento previo que cada uno de ellos tiene sobre el parto. "Para el varón, el cuerpo de la mujer es un cuerpo erótico y está relacionado con el placer. Cuando aparecen sangre, dolor, médicos y enfermeras, eso deja de ser un cuerpo erótico", explica la psicóloga Irene Pugliese, co-directora del Centro Psicoanalítico Argentino. Y agrega: "Algunos pueden metabolizar la situación con el tiempo y a otros les queda cierto rechazo. Son procesos inconscientes que dependen de la fortaleza psíquica del hombre. La mujer ya nace con cierta preparación maternal".
Además de la impresión, hay otros factores que entran en juego. Así, según Diana Resnicoff, psicóloga y sexóloga clínica, el hecho de compartir algo que hasta ese momento era sólo para ellos, también genera este rechazo al sexo que varios maridos experimentan: "Al presenciar el momento en que el niño nace, el hombre comprueba que la vagina tiene otra función además del sexo, entonces puede sentirse incómodo o con impresión porque si su hijo tocó esa vagina, él ya no quiere o no puede hacerlo más", explica.
¿Machos eran los de antes?
Un poco por presión social y otro tanto para no demostrar su costado menos fuerte, ellos inflan el pecho y entran a la sala de nuestra mano. Algunos intentan contenernos y otros eligen contener la respiración hasta que todo pase. Pero, más allá de estos detalles casi anecdóticos, desde hace ya más de tres décadas, la mayoría de los hombres eligen atravesar junto a sus compañeras ese instante que marcará sus vidas.
"Hoy todos los padres presencian los partos. Los que no están es porque no se hicieron cargo. La mayoría de los hombres están comprometidos con el parto porque también lo están con la crianza posterior. Cuando en la sala hay un hombre que no está comprometido con su mujer ni con el bebé yo me doy cuenta por su actitud. Ahí está muy a flor de piel el ser humano y la esencia de la pareja", dice Marcela Ancona, quien asistió a Maru en los partos de Santi y Juan Ignacio.
"Yo decidí entrar, pero fue más que nada porque todos te dicen que hay que vivirlo y no tanto porque yo quisiera hacerlo. Estaba informado y sabía a lo que me enfrentaba, pero verlo en vivo y en directo es diferente", cuenta Santiago (34), papá de Marco (3).
Para los especialistas, asistir al curso de preparto es fundamental. De esta manera, el impacto puede disminuir y se tienen todas las herramientas para decidir, con conocimiento de causa, si uno quiere exponerse a esa situación. "Lo mejor es que el varón tome la decisión, pero sabiendo. No hay que tomar decisiones en la oscuridad. Y si no quiere estar, hay que respetarlo", opina el doctor Horacio Lazzarini.
"En el parto la función del hombre es de apoyo, tiene que tener la capacidad de quedarse ahí sabiendo que con su sola presencia está colaborando, más no puede hacer. Hay algunos que no se bancan estar tanto tiempo en ese rol secundario, se sienten mal, se desmayan o hasta se duermen para evadirse. También hay algunas mujeres que no los quieren presentes en esos momentos. Dicen que las ponen nerviosas, pero me parece que es una excusa porque en realidad quieren vivirlo ellas solas", dice Marcela, partera del Dr. José Allami desde hace 20 años.
Sensibilidad femenina
Nosotras, por más que estemos más preparadas que ellos y que hayamos leído cuanto libro, revista y portal de Internet haya dedicado a la maternidad, también sufrimos las consecuencias de convertirnos en algo más que sólo mujeres: en madres. La intimidad es uno de los campos que se ve más afectado. La modelo Nicole Neumann confesó frente a cámaras que desde que fue madre sus pechos sólo le pertenecen a su hija Indiana, justificando así el motivo por el cual no quería que su marido, el futbolista Fabián Cubero, los tocara.
Nicole no es la única a la que le pasa esto. Incluso, hay mujeres que no quieren sacarse leche delante de sus parejas porque eso las deserotiza e incomoda tanto a ellas como a ellos. Hay ciertas situaciones que conviene mantener en privado, son sólo nuestras y no es necesario compartirlas.
"Desde que Maca (33) está amamantando -dice Diego (28)-, no le gusta que le toque los pechos porque además de que de ahí come el bebé, están más sensibles y le duelen". Comprensivo, asegura que esto "ya pasará" y que, si bien estas situaciones afectan y merman la actividad sexual de la pareja, "eso está ampliamente compensado por el nuevo concepto de familia".
Cuestión de tiempo
Todo tiene solución y, tal como afirma Resnicoff, la llave que abre la puerta del retorno al buen sexo es la comunicación: "Lo que la pareja tiene que saber es que luego del nacimiento de un hijo, la intimidad tiene que repactarse". De todos modos, a no desesperarse porque la naturaleza es sabia (¿o serán los médicos?) y la famosa cuarentena parece ser la solución a cualquier problema que haya podido surgir durante el nacimiento del bebé. "El tiempo del posparto, en el que las partes íntimas de la mujer todavía no sanaron y su cabeza está preocupada por el hijo, también es útil para que el hombre se acostumbre a la nueva persona que llega a sus vidas y acepte a su mujer como madre, pueda verla en una faceta diferente y procesar las imágenes del parto que puedan haber dejado secuelas. A mí, el tiempo sin sexo con mi mujer me sirvió para restablecer su imagen y adaptarme a la idea de que ambos somos padres", concluye Santiago.





