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Viernes 22/06

Causas y consecuencias de la infertilidad masculina

Son muchas las parejas que no pueden tener hijos sin ayuda de la ciencia; sin embargo, la experiencia indica que, en una gran cantidad de casos, el impacto que esto genera en la relación no es el mismo si el origen de la imposibilidad radica en el hombre

 
Foto: Istock
Por Verónica Salatino

Enfrentarse a la noticia de que, aunque lo intentes una y otra vez, no podrás tener hijos es uno de los momentos más duros que puede atravesar una persona. Pero en este caso, cuando uno no puede, dos, aunque quieran, tampoco podrán. Por lo tanto, el impacto es doble. Esta realidad es la que viven miles de parejas que, convencidas de su amor, comienzan el camino de los tratamientos in vitro para lograr juntos el objetivo que siempre soñaron.

Sin embargo, el camino parece ser diferente si el origen de la imposibilidad de concebir hijos naturalmente radica en el varón. "Este trastorno, cuyos factores generalmente involucran a los dos miembros, parece que impacta psicológicamente mucho más en el hombre. Los hombres sufren de manera silenciosa el impacto emocional de la infertilidad, ya que no están tan acostumbrados como las mujeres a lidiar con este tipo de asuntos y, además, porque la sociedad comparte el mito de que la fertilidad de un hombre está asociada a su masculinidad", sentencia la doctora Andrea Marazzi, directora médica de Fertilab S.A.

"Cuando mi exmarido recibió la noticia de que no podíamos tener hijos porque él tenía un problema con sus espermas, se sentó y me dijo que yo tenía que entender que eso era lo peor que le podía pasar, que para un varón el peor insulto es decirle que es impotente y que, aunque él no lo fuera, se sentía así. Hicimos dos tratamientos -en uno quedé embarazada y lo perdí- y luego de eso, nos separamos. El hecho de no poder darme un hijo, tal como él decía, le pesaba mucho y era algo que repetía constantemente", cuenta Liz (34), reafirmando lo dicho por Marazzi.

Algunas causas

Entre los motivos más comunes que causan la infertilidad entre los hombres se encuentran las causas hormonales y la testicular. En el primer caso, la alteración está al nivel del hipotálamo y/o de la glándula hipófisis. "Estas estructuras localizadas en el cerebro y su base son las responsables de fabricar las hormonas necesarias para dar la orden al testículo para producir los espermatozoides. En estos casos, la alteración espermática tiene que ver con una disminución de la cantidad de los espermatozoides (oligozoospermia) o ausencia de los mismos (azoospermia)", explica la doctora Sandra Miasnik, médica tocoginecóloga del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción (CEGYR).

En tanto, la causa testicular es, según la especialista, la más frecuente de todas. "En esta situación, el testículo no es capaz de generar espermatozoides o lo hace en forma deficiente. La deficiencia puede ser por cantidad (oligozoospermia o azoospermia), por disminución de movilidad de los espermatozoides (astenozoospermia) o por alteración en la forma de éstos (teratozoospermia). En muchas oportunidades estas alteraciones se presentan en forma combinada", amplía.

¿Qué produce que algunos hombres tengan estas alteraciones? Diversos factores: varicocele (várices testiculares), exposición persistente al calor excesivo, a la radiación, quimioterapia o pesticidas son algunos de los posibles orígenes, a los que se le suman el tabaco, las drogas (por ejemplo, los anabólicos), enfermedades congénitas (criptorquidea o falta de descenso testicular), algunas infecciones y traumatismos testiculares graves. "Cabe destacar que muchas veces la causa es desconocida", agrega Miasnik.

Entre otras conocidas, aunque no tan comunes, están las causas obstructivas (es decir, los conductos deferentes por donde los espermatozoides son conducidos hacia la uretra están obstruidos, ya sea por una vasectomía, malformaciones congénitas o cirugías, entre otras cosas), las genéticas (por ejemplo, fibrosis quística o síndrome de Klinefelter) o sexológicas (disfunción eréctil o impotencia y eyaculación retrógrada, que es cuando el semen no llega a la vagina porque el eyaculado se vierte hacia la vejiga).

Opciones de tratamientos

Por suerte, la ciencia avanza y, aunque esto no siempre ayude a aliviar ese peso que sienten ellos por no poder concebir un hijo naturalmente, hay caminos alternativos para ser padres. La adopción, por supuesto, es uno de estos casos, pero para los que quieren pasar por la experiencia del embarazo, hay otras alternativas.

"En casos leves puede recurrirse a la inseminación intrauterina, que consiste en la preparación del semen y su colocación dentro del útero mediante una cánula en el momento de la ovulación", explica la especialista de CEGYR.

En tanto, en los casos más severos en los que la cantidad, la movilidad y/o el aspecto de los espermatozoides están comprometidos, la solución son las técnicas de Reproducción Asistida de Alta Complejidad. La más conocida es la Fertilización In Vitro o ICSI. "El objetivo de estos tratamientos es formar los embriones en el laboratorio, uniendo los óvulos con el espermatozoide. Una vez obtenidos los embriones, son transferidos al útero por el médico", cuenta la médica tocoginecóloga. Y agrega: "Si hubiera ausencia de espermatozoides en el espermograma, deberá evaluarse si estos pueden obtenerse a través de una biopsia del testículo. En caso negativo, existe la posibilidad de recurrir a un banco de semen donado".

Muchas consecuencias

Por un lado, para lograr el objetivo de tener un hijo propio, el camino a seguir es el de los tratamientos. En la mayoría de los casos, son de Reproducción Asistida, aunque los del tipo médicos hormonales o suplementos vitamínicos pueden, en algunos casos, mejorar los parámetros alterados. Sin embargo -hay que decirlo-, esto sólo suele ayudar a mejorar el pronóstico de los tratamientos de reproducción asistida, pero es raro que logren la normalización completa del espermograma.

Por otro lado, más allá del tiempo, dinero y esfuerzo que estas experiencias requieren -por cierto, muy invasivas para la pareja en general y para la mujer en particular, así el problema de la infertilidad radique en el hombre-, están las consecuencias psicológicas. "Debido a esta presunta asociación entre masculinidad y fertilidad, encontrarse con esta realidad puede significar para muchos hombres un fuerte impacto psíquico y emocional. Suelen aparecer sentimientos encontrados de ansiedad, culpa, depresión y pérdida de autoestima, lo que seguramente impacte en la relación de pareja y hasta en su proyecto de vida, al punto que muchos hombres comienzan a verse como fracasados", dice Marazzi. Y suma: "Otro de los grandes temores que aparece en el hombre es pensar que a causa de su infertilidad, ninguna mujer va a aceptarlo, ya que no podrán concebir un hijo".

CUESTIÓN DE EDAD

MIENTRAS QUE LAS MUJERES CORREN CONTRA EL RELOJ porque a medida que se acercan a los 40 se van reduciendo las chances reproductivas, ellos pueden ser padres hasta edades avanzadas. Por ejemplo, Paul Mc Cartney se convirtió nuevamente en padre a los 61, Clint Eastwood a los 66 y Charles Chaplin a los 72. El hombre, a diferencia de las mujeres, conserva su potencial reproductivo pasados los 45 años, "aunque se ha evidenciado que a partir de esa edad los espermatozoides sufren deterioro especialmente a nivel de su calidad genética", explica la doctora Sandra Miasnik.

A la hora del tratamiento, en tanto, estos varones tienen actitudes diversas. "Es notable la introspección que tienen en general ante estos temas. Mientras las mujeres son más extrovertidas y muchas veces participan a familiares y amigos, ellos suelen ser más reservados y sólo tocan el tema dentro de la intimidad de la pareja", dice la especialista del CEGYR.

Así, están los que, aunque sea en silencio, siguen adelante hasta conseguir el objetivo deseado y los que no pueden soportar el peso de saber que no sólo no podrán tener hijos naturalmente sino que, además, están -según ellos creen- condenando a su pareja a no convertirse en madres. "Vos no barajás la posibilidad de que tal vez nunca tengamos un hijo", recuerda Liz que su exmarido le dijo cinco días antes de que él tomara la decisión de terminar el matrimonio. "Y no, yo no la barajaba porque tenía 31 años y porque sí podíamos tenerlos con ayuda de la ciencia. De hecho, en uno de esos tratamientos quedé embarazada y luego lo perdí. Pero con el tiempo entendí, aunque tarde, que él lo vivía de otra manera y que yo, aunque lo amaba y estaba dispuesta a seguir poniendo mi cuerpo para tener un hijo juntos, no podía hacer nada por cambiar su manera de vivirlo y sentirlo", suma. Apoyo psicológico y mucho diálogo son ingredientes que no deben faltar en este tipo de situaciones que afectan cada vez a más parejas. Con la ciencia a favor y la contención afectiva y psicológica correspondientes el camino, tal vez, pueda ser más fácil de transitar.

 
 
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