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Miércoles 15/02

Tips para mejorar la comunicación con tus hijos

Si tu familia padece este problema y hay ruidos en la comunicación, no te pierdas esta nota en la que los especialistas explican qué podés hacer para que cuando tus hijos hablan, vos los entiendas (y al revés también).

 

Mi papá no me entiende". "No se puede hablar con vos". "Todo lo que te digo te entra por un oído y te sale por el otro"… ¿Cuántas veces escuchamos estas frases, ya sea como padres o como hijos? Es que, parece, la incomunicación -o la mala comunicación- afecta a una gran cantidad de familias. Sin embargo, el inconveniente va más allá. "Las disfuncionalidades en la comunicación familiar suelen no ser ‘el’ problema, sino un síntoma de los verdaderos problemas. El más generalizado es que cada uno deja de ocupar el lugar que le corresponde", dice el licenciado Carlos Camean Ariza, director del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.

En tanto, "desde la mirada sistémica se utiliza el concepto de la comunicación semejante a la conducta, ya que toda conducta es comunicación", asegura Milú Christello, psicopedagoga y fundadora de Happy Families. Y agrega: "Los problemas no están en las personas sino entre las personas, por lo que cualquier cambio en la modalidad de relación puede modificar una situación que nos resulta incómoda o difícil".

La punta del ovillo

La sobreexigencia laboral o escolar, el cansancio, la culpa, la falta de tiempo y la ansiedad por el consumo son algunas de las causas principales de la incomunicación, de acuerdo a Christello. Sin embargo, para el director del Instituto de Ciencias de la Familia, todos estos ítems tienen una causa madre: el individualismo. "Hoy, incluso en el seno de las familias más funcionales, el individualismo caló muy hondo; cada uno está tan preocupado por sus cosas que los demás importan poco. Se vive simplemente juntos, pero no en familia", advierte Camean Ariza, quien marca que la diferencia entre vivir juntos y hacerlo en familia radica en ocuparse -o no- del otro.

La vida laboral y profesional ("sobre todo en las grandes ciudades", dice el especialista) parece ser el villano de la película. "Se sale de casa muy temprano, se invierten muchas horas en trasladarse, se trabajan más horas de las razonables, se pelea por un lugar mejor todo el día, se vuelve tarde y sin ganas de sumar los problemas cotidianos", se explaya el miembro de la Universidad Austral.

Claro que todo esto tiene consecuencias, que se traducen, antes, en síntomas reconocibles: irritabilidad o falta de paciencia, inconformismo y angustia, son los principales, según la fundadora de Happy Families. Pero hay más: "Me atrevo a asegurar que el primer síntoma es la falta de detalles: cuando en la familia se deja de festejar un cumpleaños o el festejo es intrascendente, cuando los esposos en la intimidad no se respetan, no respetan sus tiempos, cuando los chicos cierran la puerta de su cuarto con un golpe y no lo abren por horas y ni qué hablar de actitudes violentas", dice Camean Ariza.

Por supuesto, estos tiempos modernos también suman su granito de arena. Así, para el director del Instituto de Ciencias de la Familia, el hecho de tener un televisor en cada habitación, una computadora por persona o en un lugar i-naccesible ("cuando hay chicos la PC tiene que estar en un lugar de paso") y un celular por cada miembro del hogar le agregan unos centímetros más de distancia a la relación familiar. "Si se recuperara la costumbre de comer en familia, al menos una vez al día, sin televisión ni teléfono a la vista, se solucionarían una gran parte de los problemas de comunicación", asegura el especialista.

¡Atentos!

No hay un momento puntual, una edad determinada o una época del año en la que estos problemas sean más graves o más leves. "La comunicación siempre es dinámica, se va modificando constantemente por edades de los hijos, etapas de los padres, momentos de la pareja, estilos de personalidad, etc.", dice Christello. Pero la adolescencia de los hijos es, sin dudas, un momento crítico. "Cuando los chicos son adolescentes es normal que se produzca este fenómeno más fuerte que en la niñez o que cuando ya son maduros", dice Camean Ariza. Y agrega: "Por otra parte, no creo que sea cierto que la diferencia de edad provoque una mayor incomunicación. Muchas veces los chicos se comunican más con los abuelos que con los padres porque los ven más serenos, que no compiten con ellos. A veces los papás jóvenes están tan metidos en la carrera profesional, que llevan a casa ese estado de competencia que los chicos rechazan. No se trata de edad sino de serenidad y tiempo".

Así, la mejor manera de acercarse, acortar la brecha, eliminar el ruido y lograr una comunión familiar es, entre otras cosas, siguiendo algunas acciones. Entre ellas, según la representante de Happy Families, la clave está en hablar claro, lento y breve a los hijos; mirarlos a los ojos; compartir la misma altura (así esto implique levantarlos o agacharnos nosotros); respetar y compartir silencios; y generar diferentes espacios posibles de conversaciones (viajes en auto, caminatas, etc.).

Al crear, entonces, los ambientes acordes para entablar el diálogo, todo es más fácil. Pero también es necesario que, si los papás no están actualizados sobre el mundo de sus hijos (sus gustos, actividades e, incluso, gadgets tecnológicos que utilizan), se actualicen. "Salir juntos, arreglar el jardín, estudiar en el mismo ambiente crea circunstancias propicias, pero no mágicas. Para comunicarse, para dialogar, lo primero -y perdón por la obviedad- es estar y estar juntos", remarca el especialista de la Universidad Austral.

En esa misma línea, Camean Ariza asegura que aquel viejo mito que aseguraba que lo realmente importante es la calidad del tiempo que les dedicamos a nuestros hijos y no la cantidad, es mentira.

"¡Cantidad con calidad!", reclama. "Estar significa estar disponible, atento, mostrar ganas. No siempre se logra, pero la vida es un balance de momentos y hay que intentar que los positivos superen a los que no lo son. Si no nos ven nunca, si no conviven con papá y/o con mamá o con ambos porque nunca están, cómo pretender que tengan confianza con dos extraños", profundiza.

¿Conclusión? Tiempo (y del bueno), involucrarse y, por supuesto, saber pedir ayuda a tiempo pueden salvar a la familia. "Vivir en armonía es posible, puede llevar más tiempo de lo que queremos, pero lograr una comunicación saludable es algo que se puede lograr", asegura Christello. Y esto claramente es un trabajo de todos. "No se impone, se recrea, se propone", dice Came-an Ariza. Y finaliza: "Cuando los padres ven que no pueden solos, es muy importante recurrir al profesional para que descubra dónde están esas perlitas que no dejan que la comunicación fluya; desde afuera se ve todo con mayor claridad. Preguntar y pedir ayuda es el primer síntoma de que realmente se quiere crecer en la familia".

Innovador

Happy Families es un servicio de orientación familiar que ayuda a prevenir, detectar y superar los desajustes y preocupaciones que surgen en las distintas etapas de la vida de los hijos en la familia, fortaleciendo las capacidades y habilidades de cada uno de los miembros para alcanzar el bienestar general.

Su creadora, Milú Christello, propone un abordaje breve, sistémico e in situ. Se trata de un sistema de trabajo indoor (puertas adentro), que permite que la familia no se mueva de su hogar y que el especialista observe en el lugar y el tiempo real el problema que los convoca, obteniendo de esta manera resultados a corto plazo (según Christello, en un plazo de 3 a 8 semanas). Esta modalidad requiere entrevistas personales en profundidad con los padres y encuentro con las personas sobre las que se hace la consulta. Luego se elabora un plan de trabajo, que es implementado por parte de la orientadora y de los padres.

Más información www.happyfamilies.com.ar

Tecnicatura en Orientación Familiar

El 5 de septiembre comienza esta carrera para quienes quieran desarrollar las competencias necesarias para intervenir en los procesos familiares. Se dicta a distancia a través de una plataforma digital educativa y dura 2 años.

Informes: lbolzon@austral.edu.ar; (011)5921-8000 (int. 8219/8695).

 
 
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